Jornada de Puertas Abiertas en la Fundación BilbaoArte

Ignacio García, Lumpenkult, Fundación BilbaoArte, 2017.

El primero de diciembre abrió sus puertas en Bilbao la muestra colectiva Open Studios 2017 de la Fundación BilbaoArte. La institución, como cada año, muestra la producción de los más de treinta artistas que han poblado sus instalaciones en el pasado curso, con motivo de las becas de residencia y producción que anualmente se lanzan en la capital vizcaína. Una muestra compleja que aglutina a artistas locales, nacionales y en menor medida invitados internacionales gracias a los convenios que mantiene la institución. El amplio elenco de artistas de la muestra está formado por: Saskia Rodríguez, Ignacio García Sánchez, Manuel Blázquez, Mikel Escobales, Andere Etxegarai, Nerea Apodaka, Josune Urrutia, Zuhar Iruretagoiena, Uxue Lopez Iruretagoyena, Paula Prieto, Amaia Salazar, Natalia Domínguez, José Luis Cremades, Roberto Freire, Paulina Mellado, Mara Ona, Raul Lorenzo, Marco Moreira, Borja Llobregat, Kiwon Hong, Beatriz Sánchez Sánchez, Bego Antón, Inés García Gómez, Oier Iruretagoiena, Diego Aldasoro Gómez, Ion Macareno, Itziar Markiegi, Paula Bañuelos, María Altuna, María Benito, Miriam Petralanda, Jaume Clotet Caballe & Clàudia del Barrio, Jonathan Monaghan, Javier Rodríguez y Eriz Moreno. El amplio número de participantes en la muestra hace que la diversidad sea una nota predominante, que por otro lado, carece de una curaduría aglutinante que trate de compactar las dispares producciones del grupo de artistas. Y esto, que pudiera parecer una falla, hace que esta muestra fragmentaria, se torne en una superposición de exposiciones individuales, que en ocasiones se permean unas a otras y permite al espectador tener una mirada rica y diversa de las últimas producciones de una amplia gama de artistas jóvenes. Nos gustaría destacar, sin embargo, algunas de las intervenciones que consideramos más interesantes de la muestra y que destacan, marcando ciertos ejes que anudan la exposición.

El espacio que propone Ignacio García Sánchez (Madrid, 1987), coronado con un mural de gran formato, flanqueado por tres dibujos y una escultura central parece ser uno de los más afortunados y contundentes de la muestra. García nos tenía acostumbrado, en su ya extensa producción, a un predominio del dibujo como proceso canalizador de un afilado e incisivo discurso político. En esta ocasión, su proyecto Lumpenkult, desde un enfoque pluridisciplinar, aborda la reconstrucción de un movimiento cultural ficticio, a partir de la imaginación de un patrimonio cultural producido: carteles de agitación, estampas pseudo-históricas o maquetas arquitectónicas que nos permiten vislumbrar una sociedad exótica en la que la clase marginal, se ha convertido en hegemónica. Fiel a su visión del mundo, el lumpen que propone Ignacio García, no habría dudado en deshacerse de instituciones superfluas o sacrificar algunas comodidades materiales a cambio de liberarse de valores impuestos como el culto al trabajo o la fe en el progreso y en el crecimiento económico.

Ignacio García, Lumpenkult, Fundación BilbaoArte, 2017.

Cuatro hombres se calientan en las brasas de un bidón con el calor de fajos de billetes ardiendo, zapatillas deportivas cuelgan de las ramas de los arboles marcando un territorio sin ley ni orden, el viejo poder, representado con una imagen clásica, se somete bajo los pies de la estética cani, que domina la escena. El dibujo mural que ocupa el espacio de Ignacio García, es una amalgama de referencias, de símbolos que nos son reconocibles pero que han sido exponencialmente alterados en pro de una nueva mirada, una reconfiguración de lo que entendemos por consenso.

La escultura central de la instalación, formalmente una reminiscencia del Monumento a la III Internacional de Taltin, se levanta con materiales precarios: maderas, plásticos, redes, cartones, etc. Si había alguna aspiración utópica en la obra del soviético, la pieza planteada por Ignacio parece levantarse con la mera aspiración de la supervivencia. Las dos imágenes dibujadas sobre papel estraza, al igual que el mural central, retratan una sociedad que se autorrepresenta desde la identificación con la destrucción, el fracaso, el pillaje o el menudeo.

Paulina Mellado, Fundación BilbaoArte, 2017.

Una de las instalaciones más frescas, para un espectador desenfadado, quizá sea la de la artista Paulina Mellado (1986, Temuco, Chile). Una composición de piezas metálicas y cerámicas se retuercen y fluctúan por la superficie de la sala, de las cuales brotan entre su materialidad elementos vegetales. Una estética risueña, en consonancia con un nuevo formalismo que avanza de modo global, que se deja llevar por las mareas que acunan a nuestros sentidos. Texturas, colores variados y saturados, barnices e intensidad lumínica del brillo que mecen la mirada de un espectador agradado por este paisaje de Un mundo feliz, que a diferencia de la novela de Huxley, no muestra sus despojos, sino que los fetichiza. Nerea Apodaka (Llodio, 1992) cercana en planteamiento, acumula en su proyecto numerosos elementos dispares, bajo una estética kitsch dispuestos en una construcción totémica, vertical y pesada que se impone y organiza el camino del visitante y los numerosos y diversos elementos acumulados.

Nerea Apodaka, Azaraza, Fundación BilbaoArte, 2017.

Mikel Escobales (Arrasate, 1991) plantea una interesante y resuelta composición de los materiales con los que ha estado trabajando. Una publicación, fotografías, diapositivas y una serie de materiales que componen una instalación escultórica se despliegan en el espacio que propone el autor. Si bien es cierto que la totalidad de su propuesta resulta criptica al acercarse, al carecer, como dice el autor, de un componente “lineal o narrativo”. Escobales tiende la mano a la ambigüedad y huye de premisas dadas. Llama la atención en el centro de la sala, una estructura realizada en latón, que proyecta una sombra sobre la pared. Preguntándole al autor a qué obedece esta línea, comenta que, para él, funciona como un vector abierto, pudiendo cambiar de forma o relato, pero que es algo subjetivo de cada espectador. Si hay algo concreto en la propuesta de Escobales, es la publicación que acompaña la instalación, en la que el autor compagina la escritura y la imagen creando una suma caleidoscópica de contenidos.

Mikel Escobales, A long day for parafiction, Fundación BilbaoArte, 2017.

Quizá, en este caso como en muchos otros de la muestra, debamos como espectadores intuir más las capacidades e intenciones de los artistas concentrados, y no sólo evaluar lo producido. Esta cuestión hace que podamos entender su propuesta como una declaración de intenciones y como posibilidad más que como un alegato conclusivo.  

Ion Macareno, Pirámide, Fundación BilbaoArte, 2017.

En esa declaración de intenciones también enmarcamos la propuesta de Ion Macareno (Bilbao, 1980) con una interesante trayectoria en el campo de la escultura y la instalación. Macareno presenta en esta ocasión un conjunto instalativo que incorpora una pieza audiovisual, alejada en lo formal de su habitual producción y con una plasticidad que sigue manteniendo el pulso escultórico que caracteriza su obra, pero que resulta complejo unificar para el espectador. Las piezas que componen la instalación, formas realizadas en metal, espumas sintéticas o escayolas, parecen querer hablar de procesos de resistencia de los materiales implicados (conflictos de tensión, peso, tracción). Restos todos ellos de un proceso donde la constante práctica y ejercitación técnica son pilares fundamentales, destinados siempre a la experimentación y a la búsqueda de formas que dan cuenta de la experiencia estética. La pieza audiovisual bajo el título Pirámide, habla desde una materialidad completamente diferente, la levedad de todos los materiales que aparecen en las imágenes es antagónica a las piezas escultóricas. Dos personajes centrales, que parecen tener una corporalidad plástica y liviana, levitan en la escena alrededor de una pirámide pétrea que está flotando en el espacio. Partículas que no llegamos a identificar, inundan en su flotación la pantalla, de nuevo transgrediendo la gravedad. Tras ver todo el conjunto que propone Macareno, nos queda una sensación de tensión, de la complejidad de los cuerpos y los materiales que componen la realidad, y de las huellas que el propio proceso del artista ha ido dejando en cada uno de ellos.

Jone Loizaga, Eroria, Fundación BilbaoArte, 2017.

Jone Loizaga (Bilbao, 1983) presenta su proyecto Eroria, realizado principalmente en serigrafía. En él la autora desarrolla en paralelo un proceso de búsqueda y registro fotográfico de monumentos franquistas que han sido intervenidos. Las formas y estructuras de esta materialidad violentada son el punto de partida de una obra que experimenta con el gesto iconoclasta a través de la serigrafía. Mediante la libre manipulación del fragmento, la superposición de masas de color y la fusión entre figura y fondo se obtiene una nueva imagen donde toda la información está al mismo nivel, desactivando su sentido inicial y su vinculación con la realidad. Las atractivas piezas resultantes, bajo estas premisas dadas, parecen abocarnos sin remedio a la arbitrariedad, la imposibilidad de traducción y la no identificación de la memoria impregnada en las imágenes iniciales, lo que hace complejo mantener una lectura de las piezas. Sin embargo nos gustaría pensar que la autora, quisiera usar ese efecto de aumento del fragmento que poseen las imágenes, como una querencia por una constitución de homenaje–monumento, a aquellos que transgredieron la conmemoración del antiguo régimen, cosa que se torna compleja sin algún punto de apoyo o referencia.

Por último, me gustaría mencionar las piezas de Oier Iruretagoiena (Renteria, 1988), un autor con una amplia trayectoria en la investigación sonora, que en esta ocasión,  presenta  unos  relieves escultóricos realizados en papel maché policromado. Según el autor, los trabajos que continúan su investigación Lerro Gurutzatuak, giran en torno al método comparativo usado en varias áreas de conocimiento como la antropología y la lingüística, que consiste en establecer comparaciones morfológicas entre diferentes lenguas, creencias, tradiciones, etc., para buscar analogías e indagar en posibles conexiones desconocidas que no han dejado ningún otro registro.

Oier Iruretagoiena, S/T, Fundación BilbaoArte, 2017.

Si bien no podemos dedicar la extensión que todos los trabajos merecen, la muestra de Puertas Abiertas, como en anteriores ediciones, da constancia del pulso que la creación joven mantiene en la ciudad vasca y no deja de ser una cita obligada y un lugar de referencia.

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