El arte es un juego

“Sí, el arte es un juego, pero hay que jugar con la seriedad de un niño que juega”.

-Robert Louis Stevenson

“El hombre sólo juega cuando es libre en el pleno sentido de la palabra

y sólo es plenamente hombre cuando juega”

-Friedrich von Schiller

Los invito a recordar los juegos de su niñez, hagamos un esfuerzo verdadero hasta lograr vernos jugando algunos de nuestros juegos preferidos. Ustedes que son jóvenes, deben tener esos recuerdos frescos en la mente y quizá no les han otorgado la importancia que merecen. Yo, particularmente, me acuerdo que jugaba —ajeno al tiempo— en el patio de la casa con las hormigas o formando paisajes en miniatura con las montañitas de chocolate en polvo que flotaban en mi vaso de leche.

Maravillado con los diminutos insectos que formaban largas filas, me entretenía fabricándoles obstáculos para ver cómo los superaban, o decapitándolos con un pedacito de vidrio para observarlos caminar sin su cabecita por algún rato. Las pobres hormigas sufrieron mucho a causa de mi curiosidad infantil que no distinguía entre el bien y el mal.

En mi vaso de leche con Quick, depositaba con la cuchara los montoncitos de chocolate que se desmoronaban con la humedad imaginando que eran islas que se hundían formando grandes cataclismos en un inmenso mar.

Partiendo de esos recuerdos infantiles y de la observación de los niños examinemos la actitud y el comportamiento del pequeño cuando juega: cuando un niño juega es libre, “en el pleno sentido de la palabra”, deja su imaginación correr sin restricciones externas. Su juego es en apariencia desordenado, pues responde a una manera intuitiva y no racional de abordar la realidad. Toma el primer objeto que le llama la atención y comienza a jugar espontáneamente, utilizando los cinco sentidos a la misma vez. Posiblemente se lo eche a la boca, luego lo golpee y si este hace algún sonido llamativo repetirá el golpe improvisando una secuencia rítmica al azar. Si tiene partes movibles lo manipulará hasta romperlo y entonces cada pedazo puede ser el comienzo de otra tanda de manipulaciones y experiencias sensoriales que le ayudarán a conocer el mundo. El niño no tiene que saber el nombre del objeto ni su utilidad para interesarse en él. El pequeño no sigue instrucciones de nadie en su proceso de exploración, un paso lo conduce al otro, con cada manipulación descubre una cualidad nueva del objeto que lo lleva a la siguiente acción construyendo inconscientemente una secuencia de actos espontáneos y encadenados por una relación de causa y efecto que desde afuera llamamos juego.

De esta corta descripción obtenemos algunas palabras claves que nos sirven para comprender la conexión que existe entre el juego y la experiencia creativa del artista: libertad, imaginación, intuición, descubrimiento, espontaneidad, exploración, azar.

El proceso de creación del arte exige del artista una actitud distinta de la que asumimos cotidianamente ante la realidad. Durante la experiencia estética, el nombre y la utilidad de las cosas carecen de la importancia crucial que estas cualidades tienen en la vida cotidiana. Para pintar un paisaje, o cualquier otro tema, un artista se enfoca en las relaciones de las formas y el color que tiene ante sí. Un árbol deja de ser un árbol para un artista que lo contempla como modelo de su obra y se convierte en un entramado infinito y vibrante de texturas, formas, luces, sombras y colores en interacción con el espacio circundante. El mero recuerdo de la palabra árbol lo regresa a la simplificación conceptual que encierra el nombre y que reduce el objeto nombrado a unas cuantas cualidades generalmente vinculadas a su utilidad. El niño enfrenta la realidad sin estos prejuicios conceptuales pues apenas los conoce. De igual forma, para el artista es muy importante desprenderse de ellos, pues estos constituyen un impedimento para poder acceder a lo REAL. Lo REAL, con letras mayúsculas, no encierra ningún misterio, es simple y llanamente lo que nos rodea y lo que somos, pero que muchas veces no somos capaces de captar en toda su plenitud. Esto se debe a que nuestro cerebro funciona simplificando continuamente la vasta información que recibe a través de los sentidos. La mente selecciona aquellas cosas que son necesarias percibir para realizar la tarea del momento. Por eso no podemos recordar todas las cosas que pasaron ante nuestros ojos durante nuestro último viaje en automóvil. Sólo recordamos aquello que nuestro cerebro seleccionó automáticamente para poder conducir con éxito hasta nuestro destino. Esta destreza sintetizadora de nuestra mente es muy útil para la vida cotidiana, pero cuando por costumbre se convierte en la única forma de mirar el mundo, empobrece grandemente nuestra vida.

La relación del artista con sus materiales de trabajo se parece mucho a la del niño cuando juega. Si bien es muy importante conocer las técnicas heredadas de los maestros y de la gran tradición del arte, no menos importante es la experimentación libre y sin restricciones con los materiales. De esta manera podemos innovar y desarrollar nuevas técnicas afines a la sensibilidad contemporánea. No hay nada más refrescante para un artista que dedicar tiempo para jugar con los materiales de manera distinta a lo habitual, sin la intención de lograr grandes resultados. La mera intención de hacer una obra de arte nos aleja del arte. El niño juega sin intención, descubre en el proceso del juego el camino por seguir, los errores no existen, son oportunidades para el cambio y la innovación. Lo mismo ocurre con otros resultados que nos impone el azar, son caminos hacia nuevas posibilidades. Sólo hay que estar atento al proceso y tomar las decisiones en el momento. Cuando Pablo Picasso dijo “Yo no busco, yo encuentro” se refería a esto. La obra de arte es el resultado de un descubrimiento durante el proceso de creación, más que una búsqueda de algo ausente o perdido. Sólo podemos buscar lo que conocemos, el arte no es una búsqueda, es un encuentro con lo desconocido.

El famoso teórico de la educación británico, Ken Robinson, dijo y cito: “Si no estás preparado para equivocarte, nunca llegarás a nada original”. Sostiene Robinson que la estigmatización del fracaso en las escuelas de nuestro sistema de educación ha creado un estudiante temeroso de asumir riesgos y explorar. Por miedo al fracaso los estudiantes optarán por repetir las soluciones aprendidas que le garantizarán la aprobación de su trabajo y evitarán cuestionar lo aprendido o proponer soluciones nuevas. Sobre este tema el filósofo alemán Erich Fromm afirmó: “La creatividad requiere el valor de desprenderse de las certezas”.

Otro aspecto importante de los juegos infantiles que merece ser resaltado es la continuidad que existe entre la vida y el juego. El niño no experimenta el juego como una simulación sino como parte integral de su vida. La realidad y la ficción se unen en su mente y se entrega al juego con la misma intensidad, autenticidad y alegría que experimenta la vida. Algunos artistas han hablado sobre la profunda identificación que ellos perciben entre el arte y la vida. De hecho, la identidad entre el arte y la vida ha sido uno de los planteamientos principales de artistas como Joseph Beuys y de algunos movimientos como el Surrealismo y su fundador André Breton. Sin duda, no es posible hacer verdadero arte si no nos entregamos plenamente al proceso de creación y lo vivimos con la misma autenticidad e intensidad que le otorgamos a la vida.

A eso nos referimos cuando hablamos de una obra honesta y auténtica. Un artista sincero que alcanza tal autenticidad con su obra no sólo reflejará su naturaleza íntima e individual sino también la colectiva. Si logra ser fiel a sí mismo, su creación por necesidad reflejará la sociedad a la que pertenece. De ahí que el público se identificará con su obra y la querrá disfrutar y poseer, o por el contrario, si el trabajo le revela el lado oscuro que este no quisiera reconocer la rechazará con igual vehemencia. En ambos casos el artista habrá alcanzado el éxito aunque no haya vendido ni una sola de sus piezas. Eventualmente, el tiempo nos dirá si la obra permanece en el imaginario de su pueblo. Esta relación dinámica entre el artista y sus espectadores, entre el ámbito íntimo y el público, es lo que le otorga a la creación artística su sentido último y primordial.

Por eso no debemos olvidarnos de la naturaleza social del arte y el rol del artista ante la realidad política que le tocó vivir. Como seres hipersensibles, capaces de experimentar la realidad como un fenómeno integral, los artistas no podemos ser neutrales ante el quiebre de esa integridad representada en el plano social por la falta de equidad, la injusticia y el abuso de los poderes políticos y económicos sobre la sociedad y la naturaleza. Nuestra sensibilidad estética nos obliga a asumir posiciones éticas.

Y ya que hablamos de asumir posiciones, quisiera hablarles de otro tema que me apasiona: el dibujo. Curiosamente, la mayoría de los niños adoran el dibujo como medio de expresión. Denle lápiz o crayones a un infante y verán cómo pasará las horas dibujando. Y es que el dibujo está conectado con los instintos primigenios del ser humano. Por eso soy un promotor de la práctica del dibujo y lo defiendo asumiendo el riesgo de ser tildado de conservador. No todo puede ser ruptura, hay ciertas cosas que debemos conservar y una de ellas es el arte del dibujo.

El dibujo es la herramienta más directa que posee el artista para acercarse y aprehender la realidad tangible y para desarrollar cualquier idea. Me refiero a aprehender con hache, tal y como lo define la Real Academia de la Lengua: concebir las especies de las cosas sin hacer juicio de ellas o sin afirmar ni negar. Por medio del dibujo podemos comprender un objeto a cabalidad, explorar todos sus ángulos y relaciones formales para lograr expresar sus cualidades y su relación con el entorno. Por eso, desde la Antigüedad el dibujo ha sido un vehículo de expresión y comunicación y el origen de todas las escrituras y abecedarios.

Lo mismo puedo decir sobre todas las demás técnicas, oficios y destrezas que aprendieron en la Escuela de Artes Plásticas. Nunca olviden que son artistas plásticos y como tales son especialistas de lo tangible. Su campo de investigación y exploración es principalmente la realidad plástica que nos rodea, tan conocida y desconocida a la misma vez, tan vasta y elusiva como el aquí-ahora que la sustenta. Desde esa consciencia de lo plástico pueden abordar con libertad la historia, la sociología, la política, la ciencia, la literatura, la filosofía y cualquier otra disciplina que les interese.

Sé que a muchos de ustedes los seducen las tendencias neoconceptuales predominantes en el ámbito internacional que han restado importancia al objeto, la factura técnica y a la autoría, poniendo énfasis en el concepto que da sentido a la obra. Sin embargo, podemos también optar por una obra que equilibre el concepto con la forma. De hecho, después de varias décadas de hegemonía neoconceptual vemos como van ganando espacio las prácticas artísticas que asumen este reto.

Tomemos como ejemplo la magnífica obra pictórica del compañero Elizam Escobar, homenajeado por ustedes en esta graduación. Alejándose de las tendencias predominantes, Escobar utiliza el medio de la pintura para sumergirse en el laberinto de su psiquis y devolvernos una obra pluridimensional que nos habla no solo de su circunstancia personal sino del malestar social contemporáneo y de la crisis existencial de occidente y del mundo.

En el campo de la abstracción cuentan ustedes con grandes artistas y profesores como Ivelisse Jiménez y Julio Suárez cuyas obras elevan el objeto artístico a un lugar prominente con un sustrato profundamente conceptual.

Otros ejemplos son los profesores Charles Juhasz y Dhara Rivera con sus magníficos trabajos eminentemente conceptuales pero generadores de objetos de gran fuerza plástica y acabado impecable.

He querido reflexionar sobre la importancia que tiene el juego en los procesos de la creación artística para instarles a que no se olviden de los fundamentos básicos del arte, sobre todo ahora que están listos para comenzar una vida profesional o para continuar estudios posgraduados. Se los digo por experiencia, es tan fácil olvidar de donde venimos en medio de las presiones del trabajo, del mercado del arte, de las corrientes en boga, y del esnobismo y la arrogancia que a veces vemos en el mundillo del arte. Si alguna vez se sienten perdidos, traten de regresar al comienzo, exploren el placer de la contemplación, busquen en las humildes destrezas aprendidas en los juegos de la niñez. Despójense de ambiciones y prejuicios y retornen a esa otra patria que es la infancia.


 

*Este texto fue leído por el autor durante los actos de graduación de la Escuela de Artes Plásticas y Diseño de Puerto Rico en el verano de 2017.

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