El arte aborigen y su aplicación a las artesanías

Sello en cerámica; diseño tallado en cinturón lítico; amuleto en piedra; diseño tallado en asiento ceremonial.

El 19 de noviembre es día feriado; se conmemora el descubrimiento de Puerto Rico, un hecho ocurrido hace quinientos veintitantos años. Y lo celebramos a pesar de que todos en el país sabemos que la Isla había sido descubierta miles de años antes por los pueblos aborígenes que hicieron de esta tierra su patria, mucho antes que el mentado descubrimiento europeo. Pero el ingenio boricua ha sabido rectificar esta efeméride tan obtusa, optando por conmemorar, no a los descubridores europeos recién llegados, sino a los que ya se encontraban aquí —las culturas aborígenes que hoy forman parte del legado de los puertorriqueños. De las respuestas más novedosas del pueblo para con este día feriado, destacamos aquí la del Festival Nacional Indígena de Jayuya que se celebra justo para las mismas fechas del descubrimiento. Máscaras, joyería, instrumentos musicales, hamacas, petates, canastas y recipientes, todos de alguna forma conectados a la herencia aborigen, son algunas de las ofertas presentadas durante este festival, que desde 1965 reúne a los más destacados artesanos que han incorporado el tema aborigen a sus trabajos, ya sea utilizando los mismos materiales y técnicas de manufactura indígena, o integrando los motivos decorativos que asociamos con nuestros antepasados aborígenes.

Cemí-relicario y detalle de su construcción textil; diseño tallado en cinturón lítico.

De estos motivos aborígenes se conoce muy poco. Caracterizados insistentemente como “ornamentación decorativa” en los discursos científicos o de historia del arte, en realidad son el paradigma del arte simbólico y de una abstracción aborigen que precede en milenios a la de los mundos artísticos contemporáneos. Se les designa además con el término “abstracto”, más bien porque son impenetrables para los investigadores de estos tiempos, pero de abstractos nada tienen, su figuración era evidente para los indígenas que los utilizaron. Para explorar el posible sentido de estos motivos, sólo tenemos que hacer referencia a los símbolos hallados en los objetos arqueológicos que han llegado hasta nuestros tiempos, como son los cinturones líticos, los asientos ceremoniales, dibujos rupestres, pintaderas, vasijas, amuletos y otros objetos destinados a ritos religiosos; si observamos detenidamente estos objetos del pasado, podemos descubrir, por ejemplo, que el motivo de los triángulos rayados está asociado con las fajas o vendas de algodón que los aborígenes se colocaban en los brazos, piernas o en la frente para darles forma a esas partes del cuerpo. Igualmente, si nos fijamos en los objetos arqueológicos tejidos en fibra de algodón, podemos descubrir un patrón muy parecido al motivo de los diamantes rayados que el indio tallaba en sus cinturones de piedra. Por tanto, ambos motivos —los triángulos y diamantes rayados— pueden ser identificados aquí como representaciones de objetos tejidos en fibra vegetal. 

Otros motivos resultan más difíciles de interpretar, como son las espirales, que han sido asociadas con el movimiento giratorio del viento, el agua o las tempestades. El motivo de un par de espirales entrelazadas, acompañadas de triángulos reflejados transversalmente, es, a nuestro juicio, una de las abstracciones aborígenes asociadas con el viento y el vuelo de las aves. La representación de aves con sus alas decoradas con este motivo, aparecen reiteradamente en muchos objetos arqueológicos, lo que tiende a apoyar una conexión de este motivo con el movimiento giratorio del viento, con las nubes o con el ámbito celestial. La relación que existe entre la representación simbólica del viento y el vuelo de las aves es una cualidad atribuida; hace referencia al viento que sopla en lo alto, en las nubes, en el mismo espacio donde las aves surcan valiéndose de sus alas. El motivo de las espirales entrelazadas también aparece en pintaderas y asientos ceremoniales taínos, lo mismo que en vasijas pintadas de la cultura igneri, espátulas vómicas y algunos petroglifos en forma de aves.

Diseño pintado en vasija cerámica; sello en cerámica; espátula vómica en hueso y petroglifo.

Petroglifo de río; pintadera en cerámica y piedra.

Pero la espiral debió tener un significado mucho más amplio, a juzgar por la abundancia de usos que los aborígenes le dieron en sus representaciones plásticas. En Puerto Rico, muchos dibujos rupestres en forma de espiral coinciden en estar emplazados alrededor de lugares húmedos o en rocas situadas a lo largo de corrientes de agua, como son los ríos, caídas de agua, quebradas y riachuelos, lo que pudiera sugerir también una asociación de la espiral con el movimiento giratorio o remolinos de agua.

En Republica Dominicana existe un dibujo que muestra un pequeño arbusto con tronco al centro, ramas formadas por dos volutas en espiral y un ave posándose sobre lo más alto del follaje. Las espirales que forman las ramas del arbusto se abren hacia el centro, ambas en dirección al tallo, lo mismo que las dos espirales que constituyen las raíces del arbusto, en la parte baja del dibujo. Este motivo de dos juegos de espirales enfrentadas, una abierta a la izquierda, otra a la derecha, se repite en otras representaciones de arte rupestre asociadas con el mundo vegetal, como sucede en algunos petroglifos de Puerto Rico, República Dominicana, y en otro dibujo de un rostro humano, en la isla de Granada, en las Antillas Menores. Este último dibujo muestran el mismo motivo de espirales enfrentadas, asociando este misterioso personaje con el tema del mundo vegetal.

Arte rupestre de Puerto Rico, Antillas Menores y República Dominicana; diseño pintado en vasija de cerámica.

Petroglifo de Antillas Menores, tallas en asientos de madera y pectoral en caracol; tallas en madera y amuleto en piedra; diseño pintado en vasija de cerámica.

Un tipo de espiral mucho más compleja y con mucha más presencia en las artes decorativas del Caribe aborigen es la espiral sigmoidea, o espiral de doble línea, que parece un par de cuernos retorcidos unidos en un eje central; su diseño puede ser circular, ovalado, triangular, o rectangular. Algunos investigadores opinan que este motivo debió tener un sentido meteorológico, es decir, que debió estar relacionado con la representación de los vientos, las tempestades o con Huracán, deidad responsable de desatar la ira de los vientos, las lluvias y las inundaciones. Sabemos que, por su gran tamaño, el huracán es imposible contemplarlo a simple vista; pero cualquier persona que haya experimentado el paso del ojo de un huracán se habrá dado cuenta que, luego de la calma, regresa la furia de la virazón, entendiendo este efecto de la naturaleza como el azote de dos brazos, uno en una dirección, seguido por el otro en dirección contraria. El simbolismo de la espiral sigmoidea debe entenderse, entonces, como el reflejo plástico de una realidad característica del huracán: la primera parte gira en una dirección, mientras que al centro del fenómeno se encuentra la calma, seguida por una segunda parte con vientos que giran en dirección contraria.

 

 

Aborigen Carajás del Brasil, con pectoral y pintura corporal; diseño tallado en vasija de cerámica; sello mexicano; petroglifo e impresión de pintadera cilíndrica.

La espiral también forma parte del motivo de la serpiente, que consta básicamente de dos espirales rectangulares juntas formando una ‘S’ acostada. Actualmente este motivo es conocido entre los aborígenes de la región amazónica como la representación de la anaconda o de una cobra (los indios Carajás de la zona central del Brasil utilizan este motivo en sus pectorales y pintura corporal, en una infinita variedad de diseños). En Puerto Rico, el motivo decora vasijas en cerámica del yacimiento La Hueca, en Vieques, lo mismo que un sello cilíndrico taíno de la antigua colección del arzobispo Meriño, de República Dominicana, que presenta volutas entrelazadas en un intrincado patrón lineal en alto relieve, muy parecido a otras pintaderas mexicanas con representaciones de serpientes. Parecido al anterior es el motivo de las grecas con esquinas en ángulo recto, también asociado con la representación de serpientes; este motivo aparece en vasijas de cerámica pintada del yacimiento Monserrate, Luquillo; en cerámica Arahuac, del Brasil, y en otros objetos arqueológicos de Cuba.

Otras representaciones simbólicas aborígenes son los círculos concéntricos y las cruces bordeadas, ambas figuras asociadas con las aureolas o anillos de material luminoso que aparecen en algunos cuerpos celestes —como la Luna, los astros y planetas— durante épocas específicas del año. Todos estos motivos carecen de una semejanza aparente con objetos conocidos, y por esta razón, resulta muy difícil confirmar si se trata de representaciones de objetos del mundo real o si por el contrario se trata de una plasmación de conceptos simbólicos, como fuera el caso de la espiral. En los dibujos de círculos concéntricos y cruces bordeadas entendemos que el aborigen ha empleado la estrategia de repetir los bordes del objeto para representar un efecto luminoso, creando a su vez, un sentido de expansión incrementado por las líneas concéntricas del dibujo. En la provincia de Azua, al suroeste de República Dominicana, existe una de estas cruces bordeadas rematadas con líneas radiadas perpendicularmente alrededor de su eje central, creando así un efecto múltiple de resplandor y luminosidad en este dibujo.

Petroglifo y diseños tallados en vasija de cerámica.

En el Caribe también encontramos otro motivo descrito por muchos investigadores como laberíntico, pero que preferimos denominar aquí como el motivo de las ancas de rana. Consiste fundamentalmente de un esquema lineal representando las patas traseras del anfibio, o líneas curvas demarcando las patas de la rana vistas desde arriba, comenzando con la línea de los muslos, línea que luego bordea las rodillas, proyecta el largo de las pantorrillas, la posición del talón, y termina marcando el área de los pies traseros del animal. El esquema es siempre uno simétrico y suele aparecer repetido o combinado de forma alternada, como podemos apreciar en una pintadera taína, que combina dos motivos de ancas de rana sobrepuestos, uno pequeño encima de otro más grande, lo que nos lleva a suponer un intento por representar el abrazo sexual de una pareja de sapos conchos. El macho de esta especie es mucho más pequeño que la hembra, y durante la época de apareamiento se le monta encima abrazándola fuertemente por las patas delanteras; la hembra permanece con el macho a cuestas durante todo el proceso de reproducción, en un abrazo sexual que puede durar horas, días o hasta meses. El motivo ancas de rana aparece también en vasijas, amuletos y petroglifos.

Arte rupestre del caribe.

 

Con mucha frecuencia, los artistas y artesanos del país aplican estos motivos aborígenes teniendo un conocimiento muy superficial de su significado. En ocasiones, los emplean solamente como “ornamentaciones decorativas” o como simples “motivos abstractos” que gozan de una gran popularidad entre el público boricua. Sin embargo, podemos estar seguros que estos motivos, por más misteriosos que puedan parecernos hoy, debieron tener un claro referente material para los pueblos indígenas; la figura totalmente abstracta era inexistente para el aborigen antillano. Todo motivo del arte indígena debió tener un significado concreto; toda figura del entorno plástico indígena debió representar algo o estar asociada con algún objeto del diario vivir. Celebremos hoy este legado, conmemorando la cultura de nuestros antepasados aborígenes.

Petroglifo y amuleto en caracol; sellos en cerámica; diseño pintado en vasija de cerámica.

 

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