Bregando con arte

Noche inaugural de El Bastión.

Uno

 “Hay una vocación de armonía en el bregar, de armonizar necesidades e intereses. Es el arte de lo no trágico, sin la fatalidad ni la blandura del ¡Ay bendito!.”

-Arcadio Díaz Quiñones

Si la apertura de un nuevo espacio para el arte en estos tiempos es en sí mismo esperanzador, el saber que se ha establecido en un edificio histórico –cerrado hace casi una década– y que la exhibición inaugural cuenta con obras de algunos de los artistas locales más reconocidos actualmente, marca un hito en la escena del arte contemporáneo en Puerto Rico. No obstante, la realidad de la reciente apertura de El Bastión, en el Viejo San Juan, es más compleja de lo que aparenta al describirse como lo acabamos de hacer.

Entrada principal de El Bastión, Casa Blanca, Viejo San Juan. Foto: Gelenia M. Trinidad

Resulta por demás evidente que en el Puerto Rico del siglo XXI “el arte de bregar”, tras rebautizarlo como “autogestión”, se ha hecho pilar del quehacer artístico para soportar los embates económicos, políticos y sociales que nos aquejan. Concepto este –la brega/autogestión– fundamental para este proyecto, lo cual le añade matices distintos a los que acostumbran tener los espacios dentro de la escena de la plástica puertorriqueña. Esas salas/talleres/residencias artísticas que han llevado a San Juan a formar parte del libro Art Cities of the Future, 21st Century Avant-Gardes (2013), publicado por la casa Phaidon, se diferencian de El Bastión por estar consagrados a las artes visuales. Y es que el nuevo espacio artístico sanjuanero es peculiar por ser una iniciativa colectiva a tal grado que ocho grupos de personas, con diferentes intereses, unieron esfuerzos para hacerlo posible.

Debemos detenernos, entonces, a colocar el proyecto en su contexto específico: El Bastión, ubicado en la Casa Blanca del Instituto de Cultura Puertorriqueña, no es una galería, sala de exhibiciones o sitio reservado a las artes visuales únicamente. Se trata de un espacio multidisciplinario, abierto a las distintas artes y espectáculos. De hecho, la inauguración del mismo contó con un número de acrobacias aéreas en multi-cuerdas por una integrante de la Compañía Subcielo, una pieza de danza dramática titulada Sofrito de escarcha a cargo del Colectivo La Trinchera, el acto de un malabarista de ACirc y la música de Lizbeth Román y los duendes invisibles. Por su cuenta una exhibición de pinturas e instalaciones acompañó los actos de apertura realizados el 1ro de septiembre.

María Antonia Ordoñez, Divertimento para rostro chorreado, 2007.

Dos

“Es difícil pensar en la cultura puertorriqueña sin la capacidad para encontrar soluciones a medias, para actuar de acuerdo con “la lógica de lo menos malo” y del compromiso que es a menudo la brega

-Arcadio Díaz Quiñones

Sin duda alguna al espacio se le ha dedicado mucho esfuerzo y ha resultado en un lugar adecuado para exhibiciones, espectáculos, presentaciones musicales modestas, y otras muchas posibilidades por su amplitud y altura.  El estilo “trashy” que se le ve en las paredes es un dejo de la historia del edificio, y el pequeño café con espacio de lectura y wifi le asegura alguna entrada de la cual sostenerse económicamente. Esto último se combinará con programas educativos que se ofrecerán a cambio de ayuda en especies, no metálica. Así planifican impactar a las comunidades aledañas mediante talleres, comenzando –según dieron a entender en la apertura– con las artes escénicas, aunque con miras a enseñar también otras disciplinas. En cuanto a la exhibición –sin título–, aunque cuenta con la participación de artistas puertorriqueños muy reconocidos, ésta compartió el protagonismo equitativamente con el resto de las presentaciones que se llevaron a cabo durante la apertura. Con el “ay bendito” superado, es una iniciativa revitalizadora, con mucho potencial y sus organizadores se llevan nuestras palmas.

Compañía de danza aérea Subcielo, Espectáculo de acrobacias aéreas en multicuerdas, 2017. Foto: Gelenia M. Trinidad

Sin embargo, el hecho de que El Bastión se haya desarrollado bajo estas condiciones específicas, pone de relieve la situación en la cual se encuentra el arte en Puerto Rico: por una parte el protagonismo de los gestores culturales independientes en la escena artística del país; por otra, la decadencia de las estructuras institucionales. En su libro publicado en el año 2000 El arte de bregar, Arcadio Díaz Quiñones ya preveía este tipo de dinámicas en la cultura puertorriqueña. En su ensayo De cómo y cuando bregar –de donde tomamos los epígrafes– Díaz Quiñones propone la brega, como uno de los rasgos característicos de la idiosincrasia puertorriqueña; en el mismo explica que:

“La brega actual permite pensar un hecho cultural decisivo que tiene una estructura distinta de otros hechos históricos documentados. Bregar es una manera de tomar la palabra, y un modo de actuar que a menudo lleva a la duplicación y a las duplicidades.”

Mariana Roca Iguina, Una memoria, c. 2017.

Hace tiempo que los museos y demás estructuras institucionales han dejado de ser los escenarios del desarrollo del arte contemporáneo en Puerto Rico, en cambio los artistas de hoy han optado por esos espacios auto-gestionados que antes mencionábamos. No obstante, la carga de los ciudadanos particulares que se han dado a la tarea de acondicionar las facilidades de la Casa Blanca se ha duplicado. Ya se habían echado a la espalda la responsabilidad de acondicionar y dar mantenimiento a un edificio histórico, en teoría público, pero además les ha tocado pagar por el mismo. A pesar de ser baja la renta –$75 de alquiler– literalmente están pagando para tener la oportunidad de hacerle un favor al ICP al rehabilitar un edificio gubernamental que llevaba unos ocho años en desuso. Por si fuera poco además lo abrirán a  la comunidad de manera gratuita y, obviamente, cubrirán los costos de energía eléctrica, agua y hasta internet para todos sus visitantes. Todo para poder auto-emplearse, en un ejercicio empresarial que propone al arte como motor económico, postura que confronta las políticas públicas a base de recortes para los principales centros de formación artística del país.

 

Tres

“La estrategia de bregar consiste en poner en relación lo que hasta ese momento parecía distante o antagónico. Es una posición desde la cual se actúa para dirimir sin violencia los conflictos muy polarizados. En ese sentido, connota abrirse espacio en una cartografía incierta y hacerle frente a las decisiones con una visión de lo posible y deseable. Implica también –es crucial– el conocimiento y la aceptación de los límites.”

–Arcadio Díaz Quiñones

Elsa María Meléndez, Lengua versátil, c. 2017.

Si bien El Bastión cuenta con todos los elementos de un espacio profesional digno de los proyectos artísticos más importantes de la plástica puertorriqueña en nuestros tiempos, aún necesita apoyo en los aspectos museológicos y curatoriales. Nos consta que no es un museo y que no pretende serlo. Sin embargo, la presencia de obras de arte de la calidad que exhiben en sus paredes requiere, cuando menos, un orden lógico que unifique la exposición. De lo contrario corren el riesgo de reducir las piezas, por muy buenas o importantes que puedan ser, a objetos decorativos presentados con el único propósito de no tener las paredes vacías. Preferimos pensar que este no ha sido el caso, sino que en esta primera ocasión optaron por abarcar la mayor cantidad de disciplinas artísticas posible y, como va el dicho, “el que mucho abarca, poco aprieta”.

De manera algo forzada, las pinturas e instalaciones parecen dialogar con las condiciones del edificio, su contexto social y su historia. Por sí solas, las obras son buenas; el problema está al verlas como conjunto, como exhibición. La pintura Cimarrón (2017), de Rafael Trelles, entra en contacto con el pasado en que se construyó la Casa Blanca, al igual que el retrato de Cristóbal Colón que aparece intervenido en la obra The moving spotlight (Cristoforo) (2017) de Roberto Silva. Por su parte la factura y el tema de la pintura a base de telas cosidas, Lengua versátil (2017), de Elsa María Meléndez, comulga con el aire irreverente, rebelde y abierto al diálogo del espacio que antes fue de oficinas. Por cuenta propia funciona particularmente bien el video Una memoria (2017), en el cual Mariana Roca Iguina, proyecta, en una habitación contigua, imágenes del cielo diurno aparentemente grabadas desde un auto en movimiento y que se interrumpen por las ramas de árboles secos; imágenes que solo se pueden observar a través de una reja en la pared. Así mismo las obras de Nick Quijano, Edgard Rodríguez Luiggi y María Antonia Ordoñez, entre otros, parecen encontrar sus propias justificaciones para estar presentes, aunque no conforman una exposición colectiva, sino muestras individuales de cada artista.

Rafael Trelles, Cimarrón, 2017.

Ahora bien, no decimos que el hecho de que El Bastión sea un espacio experimental que fomenta el diálogo entre disciplinas artísticas sea algo contraproducente; por el contrario, nos parece una buena estrategia para alivianar el provincialismo que a ratos nos asalta en Puerto Rico. Simplemente señalamos que cada campo se define de acuerdo a sus propios conceptos y prácticas características. En el caso de las artes visuales, el contexto espacial es fundamental para la lectura de una obra de arte; sin este particular, por ejemplo, no existiría el ready-made o el land art. Por lo mismo, la lectura de cada obra se afecta colateralmente por la lectura de la pieza de al lado, lo que dificulta la apreciación de esta exposición. No se debe obviar el que se ha escogido la Casa Blanca –con su relevancia histórica–, ubicada en San Juan –con su relevancia en la escena artística– y que se presentan artistas profesionales con carreras muy reconocidas; todo esto entra en contacto en una exhibición. Resulta necesario tener en consideración este tipo de aspectos en el futuro.

Cuatro

Bregar con perfección ciertamente es un arte”

–Arcadio Díaz Quiñones

Nick Quijano, Encancaranublado, 2017.

A juzgar por su inicio, en general podemos decir que El Bastión ha comenzado con el pie derecho, aunque haciendo malabares. Nos consta que lograr unificar a tantos talentos no es tarea fácil y ofrecerlos de manera gratuita, con propósitos que trascienden la sed de reconocimiento y el lucro, para alcanzar a las comunidades sin distinción de personas, es sencillamente admirable. En cuanto a la exhibición de cuadros e instalaciones, podríamos concluir que se trata de una muestra sobre el espacio mismo en el que están colgadas, pero no nos queda del todo claro. Lo cierto es que, si este inicio marca la tónica de El Bastión, podemos esperar exhibiciones mejor pensadas, además de buenas presentaciones de otros tipos de arte y espectáculos de calidad; esto sin mencionar que podemos ir a tomar un café y/o a leer un libro en un buen ambiente. Aunque un proyecto de esta magnitud requiere de agentes especializados en cada área que pretenda abordar, el concepto que sigue ACirc y sus asociados no es uno cerrado, por lo que pueden admitir nuevos elementos que los fortalezcan. Si bien la hace compleja, la apertura a la diversidad es el fuerte de esta empresa, con lo que El Bastión parece bastante prometedor.

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