Plaga de piezas precolombinas falsas

Cinturón lítico, República Dominicana,

Walter Art Museum, Baltimore, Maryland.

Cuando en 1902 el Smithsonian Institution organiza su primera expedición a Puerto Rico para adquirir piezas de valor arqueológico, le encarga esa misión a un etnólogo, graduado de la Universidad de Harvard, que llevaba veinticinco años identificando este tipo de objetos. Según su currículum, el etnólogo contaba con suficiente experiencia como para saber separar la paja del grano, si se daba el caso que le ofrecieran piezas falsas o de dudosa autenticidad en Puerto Rico. Por eso, cuando al año siguiente el Smithsonian compra la colección arqueológica del historiador ponceño Eduardo Newman Gandía, el etnólogo le aclara en una nota de registro, que una de aquellas piezas pudiera ser falsa o de dudosa autenticidad precolombina, ya que mostraba “el uso de cuchillas de acero u otro instrumento metálico introducido por los europeos en Puerto Rico.” El coleccionista ponceño podía dar fe del lugar exacto donde se habría descubierto la pieza, no así de su autenticidad precolombina; y es que, en aquella época, muy pocas personas en Puerto Rico tenían el entrenamiento para reconocer una pieza auténticamente precolombina, y tampoco existían las técnicas de laboratorio que tenemos actualmente, que nos permite identificar los materiales antiguos con una exactitud extraordinaria. Por otro lado, el coleccionista Robert Junghanns comentaba que él prefería comprar todas las piezas arqueológicas que los campesinos le traían a su casa en Bayamón, aún cuando reconocía algunas burdas falsificaciones talladas con machete: “yo no podía ser muy selectivo con las piezas, porque entonces dejaban de ofrecerme las genuinas, que sí me interesaba adquirir.” Hoy, la colección Junghanns forma parte del acervo arqueológico nacional custodiado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, agencia que se ha encargado de depurarla y retirar aquellas piezas falsas que se le hayan escapado al ojo del coleccionista.

Ídolo en hueso, República Dominicana, Museo Metropolitano de Nueva York.

Asiento ceremonial en madera, República Dominicana, Smithsonian Institution, Washington, DC.

Sin embargo, una mirada rápida por la internet nos revela una preocupante plaga de objetos falsificados haciéndose pasar por piezas arqueológicas originales, ya sea en colecciones particulares, o presentadas en importantes exhibiciones de museos y galerías comerciales, tanto en el Caribe, Europa y en toda América. El Museo Metropolitano de Nueva York exhibe una pieza de hueso, del área de Macao, República Dominicana, donada al museo por Oscar de la Renta; el Walter Art Museum, en Baltimore, Maryland, exhibe un aro lítico, donado por la Fundación Austen-Stokes de América Prehistórica; y el Smithsonian Institution, en Washington, DC, custodia un asiento en madera taíno, donación del Latino Center; las tres piezas son supuestamente precolombinas, pero no hay que ser un experto para sospechar que son falsas.

¿Cómo saber si un objeto es auténticamente precolombino? No podemos confiar un asunto como éste a nuestra mera intuición, por más conocedores que nos consideremos; tenemos que consultar a los verdaderos especialistas, a los arqueólogos, a los antropólogos u otros expertos en objetos precolombinos, para que nos de su opinión y, de paso, para que certifiquen la autenticidad de las piezas, mediante un documento con su firma.

Ídolo en piedra, ‘Taíno Sculpture: the art of the gods’, Larry Roberts, EUA.

Asiento ceremonial en piedra, Peabody Museum, Harvard University.

Por otra parte, hay que tener cuidado con los certificados que ofrecen algunos vendedores de arte, estos también pueden ser falsos! Una galería de arte en Coral Gables hace años vendió una pintura por $150,000 mediante un certificado de autenticidad escrito a mano y firmado por un especialista que entonces residía en Cuba. Contactado el especialista en aquella isla, éste aseguró que la firma del supuesto certificado era fraudulenta, y un examen de laboratorio posterior confirmó que la pintura era un fraude. El historial delictivo del dueño de aquella galería en Coral Gables era muy bien conocido en Puerto Rico, debido a un encausamiento por fraude bancario, pero esa información no estuvo disponible al coleccionista en Miami que pagó los $150,000 por aquella pintura que parecía auténtica.

En República Dominicana se comenta que hay familias de falsificadores especialistas en producir piezas precolombinas, y otras especializadas en pintura de caballete de artistas boricuas como Alfonso Arana, Augusto Marín, Osiris Delgado, Félix Rodríguez Báez. Los intermediarios de este contrabando en la Isla son bien conocidos, pero las referencias casi siempre se quedan en el anonimato debido al temor o la discreción: “el hermano de la galerista de Guaynabo, el asesor del Representante convicto por corrupción y soborno, o el hijo del coleccionista cubano de arte contemporáneo”, a eso se reducen las identidades de estos traficantes en nuestro país.

Cemí en piedra, República Dominicana, Centro León, Santiago de los Caballeros.

Hacha en piedra, Galería Christine Ostling.

 

 

 

 

 

 

 

De las falsificaciones, se dice que siempre han existido, pero hay que distinguir las precolombinas de otros fraudes en el campo del arte. Las pinturas de Alfonso Arana o Augusto Marín estarán firmadas, lo mismo que los certificados de autenticidad que algún especialista pueda producirles; pero las piezas precolombinas no están firmadas por sus autores, por lo tanto, no hay firmas auténticas ni falsificadas. Por otra parte, las piezas precolombinas no tiene dueños particulares sino que pertenecen al país, a Puerto Rico: la Ley del Patrimonio Arqueológico establece que todo objeto precolombino que se encuentre en el subsuelo es patrimonio histórico y declara como delito el destruir, manipular o comercializarlo. Es decir, que la comercialización de las piezas auténticas precolombinas es tan ilegal como la compra-venta de las falsificaciones, en el caso de que éstas sean mercadeadas como antiguas. Desde luego, el mercado ilegal del arte prehispánico es creciente, a pesar de las leyes protectoras, pero más preocupante es el trasiego de piezas falsas haciéndose pasar por auténticas.

La reproducción de piezas precolombinas no siempre tuvo fines engañosos, en los años 1960’s el antropólogo Ricardo Alegría, entonces director del Instituto de Cultura Puertorriqueña, fomentaba la fabricación de réplicas indígenas para rehabilitar la artesanía indígena y a la vez atraer al turismo interno. El ceramista Luis Leal, empleado del ICP, nunca pretendió vender sus reproducciones como originales antiguos, así como tampoco Daniel Silva, el artesano viequense que se ha dedicado a fabricar reproducciones de vasijas en cerámica, empleando las mismas herramientas, técnicas de horneado y variedades de barro que utilizaron los aborígenes precolombinos. Ambos ceramistas identifican sus piezas como lo que son, imitaciones con un gran parecido a las originales. Pero algunas de estas imitaciones han provocado revuelos entre turistas en el aeropuerto de Isla Verde, cuando algún funcionario inexperto de aduanas le confisca las artesanías dominicanas que traen de la vecina isla, porque a los aduaneros “les han parecido” que son piezas auténticamente precolombinas, y por tanto, un caso de trasiego ilegal. Por más insignificante que haya sido el precio pagado por estas artesanías, los agentes las confiscan para devolverlas a Quisqueya, celebrando primero una festiva conferencia de prensa con el embajador estadounidense en ese país, y los agentes de Aduanas de Estados Unidos en Puerto Rico.

Vasija, colección Alfred Carradam, Miami Dade Public Library.

Figura de ave tallada en hueso, Galería Arkhade, París, Francia.

 

 

 

 

 

 

 

En Santiago de Chile hay un museo con piezas de arte Taíno, que se sospecha son todas fraudulentas; igual ocurre en el Museo Taíno de Cabo Haitiano, en Haití, y en la Biblioteca Pública de Miami Dade, Florida. El museo de Centro León, en República Dominicana, cuenta con tantas piezas taínas falsificadas que ha preferido identificarlas en sus registros como “antropológicas del siglo XX”. Y en Puerto Rico, parece que vamos por el mismo camino: el director de un museo de historia acaba de ser blanco de los timadores que le vendieron varios ídolos precolombinos en piedra que a simple vista sabemos que son falsificaciones. Moraleja: antes de aceptar piezas precolombinas, consulte a los expertos y asegúrese que son auténticas.

 

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