Una educación sensorial: Historia personal del desnudo femenino en la pintura, de Rafael Argullol

Miro la Venus del espejo de Velázquez y experimento el placer sensorial que me llega observando las diferentes calidades llenas de suavidad, el satén de la sábana, el terciopelo de la cortina, que me conducen irremediablemente a través del suave cuerpo desnudo de la mujer, iluminado con tanta inteligencia y sensibilidad que no tengo otro remedio que sentir que la acaricio, que la recorro desde la cabeza hasta los pies con mi mirada y quiero mirarla y solo mirarla para amar eternamente esa gran hermosura.

En la teoría neoplatónica, el intercambio de las miradas es el intercambio de las almas y ese intercambio produce un conocimiento íntimo y profundo, además de sublime, del mundo visible. Esta Venus nos mira a través del espejo, lo que produce mayor curiosidad en el espectador, abrumado por tanta belleza, deseoso de conocer más, de saber más, de ver más. Una belleza así experimentada tendrá su eco en las demás contemplaciones el resto de nuestra vida, como dice Quevedo en su lírica amatoria:

Basta ver una vez una gran hermosura

Que una vez vista, eternamente enciende

Y en el alma eternamente dura.

Rafael Argullol, Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura, 2002.

La contemplación de la belleza es un peldaño que nos lleva hacia el conocimiento de la verdad y, una vez experimentada esta transformación, que durará eternamente, nuestra visión del mundo y de las obras de arte, transitará por un camino ascendente que conduce hacia la anhelada perfección.

Rafael Argullol, profesor de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, nos relata su experiencia de la contemplación del cuerpo femenino en el libro  Una educación sensorial. Historia personal del desnudo femenino en la pintura, publicado por primera vez en el año 2002.  

Durante un viaje a Pompeya, en la Villa de los Misterios, el autor queda hipnotizado por una de las figuras, específicamente, esa danzante desnuda cuyo dulce movimiento queda concretado por la elegante curva de un velo que forma un arco perfecto. No puede dejar de mirar esa figura, aunque recorra las demás misteriosas escenas, siempre acaba en la que le produce “un magnetismo insuperable”. Esa atracción, se pregunta el autor, debía provenir de un sentimiento lejano y es entonces, cuando súbitamente, la bailarina pierde los colores y aparece en la memoria en blanco y negro, reproducida en las páginas de un viejo libro.

Rafael Argullol se ve a sí mismo, con 13 años, sentado en un sillón en la biblioteca de su abuelo y entre sus manos una Historia del Arte. En realidad son tres libros encuadernados en una gastada piel verde, con una imagen de la Dama de Elche en la portada: la clásica Historia del Arte de José Pijoán que llega a él en una edición de 1923. En el prólogo del libro, el autor nos confiesa que fue esa Historia del Arte la que le dio lo que la vida no le había dado todavía y fue a través de los desnudos que miró en ese libro que experimentó todos los demás desnudos de su vida (“Basta ver una vez una gran hermosura…”).

Jean Auguste Dominque Ingres, La gran odalisca, 1814. Museo del Louvre.

Una educación sensorial es un ejemplo de cómo el arte nos revela claves imprescindibles para vivir y no solo es una reflexión sobre el erotismo, sino una historia del desnudo en la pintura occidental, realizada desde la subjetividad del autor. Esta subjetividad es seguramente uno de los puntos más atractivos y al mismo tiempo más frágiles de la obra: ¿Se trata de un ensayo, de una autobiografía, de una novela o de una historia del arte? Más bien deberíamos acercarnos a ella como un texto transversal tal y como la define el propio autor y disfrutar del análisis de las obras elegidas y contextualizadas histórica y culturalmente.

La Venus dormida de Giorgione, El nacimiento de Venus de Botticelli, la Venus de Urbino de Tiziano, son analizadas por el profesor de estética a la luz de sus recuerdos adolescentes, al mismo tiempo que reflexiona sobre la doble naturaleza de Venus y los nobles caminos del amor. De famosas obras del Renacimiento y del Barroco, pasa a otras más modernas como la Olimpia de Manet o la Dánae de Klimt, pasando por la Maja Desnuda de Goya y la Gran Odalisca de Ingres.    

Fresco de la Villa dei misteri, Pompeya.

Si en el libro, el desnudo femenino se nos presenta como variaciones de Venus y el hermoso y noble amor, el desnudo masculino se presenta como variaciones del cuerpo de Cristo, doloroso, martirizado, especialmente ambiguo entre el placer y el dolor en las múltiples imágenes de San Sebastián.

Más de 70 imágenes nos ofrecen la posibilidad de mirar el cuerpo masculino y el femenino reconsiderando nuestra propia educación sensorial. Volviendo al planteamiento inicial de la teoría neoplatónica sobre la mirada, podemos volver a ver, ahora con la libertad y la certeza de que contemplar nos abrirá el camino del conocimiento a través del placer.

Una educación sensorial recibió el Premio Casa de América en el 2002, año de su primera edición en el Fondo de Cultura Económica y fue reeditado por Acantilado en el 2012.

 

 

 

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