Tocar el pasado: entrevista a Isabel Stünkel

Como parte de las actividades culturales organizadas por el Programa de Historia del Arte de la UPR en Río Piedras, los estudiantes y la facultad disfrutaron de la visita de Isabel Stünkel, Curadora Asociada de Arte Egipcio en el Metropolitan Museum de Nueva York[1]. Antes de asistir a su reveladora conferencia sobre la vida eterna en la cultura egipcia, acompañada de abundante documentación gráfica, tuvimos la oportunidad de entrevistarla brevemente, a fin de conocer algo más sobre su trabajo y sus investigaciones museísticas.

Rafael Jackson (RJ): ¿Cuándo descubriste tu interés por el arte egipcio?

Isabel Stünkel (IS): Si te soy sincera, me ha interesado desde que era pequeña. Me encantaba visitar los museos de mi país [Stünkel nació y se educó en Alemania], especialmente los que se encontraban en Düsseldorf y en otra gran ciudad próxima a ella, Colonia. Durante mis visitas a estos museos, que eran muy habituales, siempre me detenía en las colecciones de arte antiguo y de arqueología. Así que he de confesar que mi amor por el arte egipcio fue creciendo de forma continua y consistente.

RJ: Lo anterior tiene que ver con el aspecto personal, pero ¿cuándo desarrollaste ese interés desde el punto de vista académico?

IS: Antes de graduarme de High School, hice averiguaciones para saber en qué universidades alemanas ofrecían programas de estudios relacionados con el arte, la arqueología y la historia antigua. El sistema universitario en Alemania y en el resto de Europa es sensiblemente distinto a Estados Unidos y Puerto Rico: se requiere que desde muy pronto los estudiantes se especialicen en una disciplina o en un campo de estudio, lo cual conlleva ventajas y desventajas. Como yo estaba deseando tener más conocimientos sobre el arte y la cultura egipcios, investigué qué posibilidades de estudios de Maestría en egiptología tenía a mi disposición sin salir de mi país. Encontré un buen programa en la Universidad de Bonn y me matriculé en él; allí también defendí, finalmente, mi tesis doctoral.

RJ: Tu primera experiencia como curadora no fue en el Metropolitan sino, precisamente, en la Universidad de Bonn. ¿Ves alguna diferencia en el trabajo de conservación entre Europa y Estados Unidos?

IS: Mi trabajo en la colección egipcia de la Universidad de Bonn era diferente, sobre todo, por las dimensiones: sus piezas son encantadoras, pero el total es considerablemente menor que la inmensa colección del Metropolitan. Aparte de eso, no logro encontrar muchas más diferencias desde el punto de vista de la metodología. Sí las hay, no obstante, en los recursos humanos y materiales, lo cual nos facilita enormemente el trabajo cotidiano al equipo de conservación del Metropolitan. Todo ello sin olvidar que, cuando trabajé en la Universidad de Bonn, aún no contaba con una gran experiencia. Entonces no me quedaba más remedio que ir aprendiendo sobre la marcha.

RJ: Además de tu trabajo continuado en el Metropolitan, también participas en las excavaciones del yacimiento arqueológico en Dahshur (Egipto). Cuéntanos más detalles sobre dicha experiencia.

IS: Me invitaron a formar parte de la campaña de excavaciones en 1998, mientras estaba disfrutando de una beca en el Metropolitan Museum. El yacimiento se encuentra en Dahshur y está vinculado a los programas artísticos y arquitectónicos del faraón Senusret III [Sesostris III en su versión helenizada]. Entonces, mi labor principal fue registrar todos los restos encontrados durante aquella campaña arqueológica. Más tarde, los directores del programa de excavaciones, el Dr. Dieter Arnold y la Dra. Adela Oppenheim (ambos curadores de arte egipcio del Metropolitan), me pusieron a cargo de uno de los proyectos: los fragmentos de los relieves encontrados en las capillas de las reinas en Dahshur. Se trata de restos que pertenecieron a la decoración mural y que deben pasar por un proceso de identificación y de análisis.

RJ: ¿Cómo describirías tu trabajo en las capillas de las reinas de Dahshur?

IS: Las decoraciones en relieve que conservamos pertenecían a edificios destruidos en tiempos antiguos. Esto complica enormemente toda la labor: los únicos restos disponibles son pequeños fragmentos arquitectónicos y decorativos, que hemos ido descubriendo en sucesivas campañas de excavación arqueológica. Trabajar con los fragmentos es, para que se comprenda mejor, algo así como construir un rompecabezas: las piezas que vas encontrando deben encajar unas con otras. Durante la tarea, en la que debes invertir mucho tiempo, de repente compruebas que algunas encajan literalmente. Cuantas más seas capaz de ensamblar, mayor será la visión de conjunto. Pero hay una diferencia importante entre el juego y la realidad. Muchas de las piezas que buscas se han perdido; además, no hay una caja en cuya tapa puedas ver la imagen completa con la que se fabricó el rompecabezas. Nuestro objetivo es justo el contrario: debemos comenzar por los fragmentos aislados para intentar reconstruir cómo podría ser la composición original. Como todos los hallazgos deben permanecer en Egipto, al regresar a Nueva York seguimos trabajando con los dibujos y las fotografías que hemos realizado durante la campaña de ese año.

RJ: Me imagino que, con la distancia, surgirá alguna que otra sorpresa…

IS: Sin duda. Cuando estás trabajando en el Metropolitan, a veces te das cuenta de que algunas de esas piezas podrían encajar pero, hasta entonces, no habías reparado en ello. La cuestión es que debes esperar unos meses para volver a Egipto y asegurarte de que los fragmentos se ajustan realmente. Cuando llegas allá y logras ensamblarlos, descubres que sus bordes quedan perfectamente entrelazados.

RJ: Además de tu proyecto en Dahshur, otra investigación relevante en la que has estado trabajando durante estos años trata sobre los amuletos en el antiguo Egipto. ¿Tu interés en ellos se debió a que los consideras obras de arte o a su condición como cultura material relacionada con las prácticas funerarias?

IS: No cabe duda de que muchos de estos objetos tienen una belleza y una calidad incuestionables, de modo que en sí mismos son obras artísticas. Pero lo que principalmente me fascina de ellos es su función, ya que se creía que todos estos objetos diminutos encerraban propiedades mágicas. A menudo, los amuletos se colocaban entre los vendajes durante el proceso de momificación: con ello se pensaba que protegerían a los difuntos y les ayudarían lograr la vida eterna. Sin embargo, apenas conservamos momias que aún contengan alguno de un cierto tamaño. El Metropolitan posee una momia que todavía tiene depositados treinta y un amuletos entre sus vendajes.

RJ: ¿Cómo es posible que el departamento de conservación descubra y estudie todos esos objetos sin manipular la momia ni ocasionar su deterioro?

IS: Gracias al empleo del CT Scan. Las fotografías digitales nos ofrecen la oportunidad de ver los amuletos sin necesidad de retirar las telas… Es apasionante lo que se puede lograr gracias a la tecnología moderna sin tener que exponer la momia a ningún peligro. Mostraré brevemente esta momia y sus amuletos en mi conferencia [se refiere a la conferencia que impartió en UPR-Mayagüez][2].

RJ: Uno de los alicientes del Programa de Historia del Arte en Río Piedras es la posibilidad de que sus estudiantes puedan desarrollarse profesionalmente en el área de conservación de museos. ¿Te animarías a darles algún consejo o sugerencia?

IS: Por supuesto. Lo que les diría es que, si quieren convertir su sueño en realidad, deben comenzar paso a paso, trabajando como voluntarios o realizando un internado. Así comencé yo misma en Alemania y en Estados Unidos. Además de ser un excelente punto de partida, es una práctica habitual en el mundo de los museos. Por tanto, lo mejor es que busquen un programa de internado o de voluntariado que se ajuste a su área de interés. Y si aún no han encontrado un programa que coincida con sus intereses, les animaría a que no se den por vencidos y se expongan al trabajo en un museo que tengan a su disposición, pues siempre es una experiencia enriquecedora. Tal vez, al entrar como voluntarios, se den cuenta de que les gustan otras áreas, como la registraduría, la restauración artística, la gestión administrativa, los programas culturales y educativos, el trabajo en el archivo… Todos esos campos son apasionantes y necesitan igualmente profesionales bien preparados. Pero, volviendo a mi profesión, una de las cosas que más me satisface es la posibilidad de enfrentarme físicamente a diario con los objetos artísticos. Cuando tengo ante mí una pieza, sé que podré llegar a conocerla en profundidad porque tengo el privilegio de cogerla con mis manos, de manipularla por todas sus caras, de acercarla a mis ojos y de estudiar detalladamente todos sus elementos. No hay palabras que puedan describir esa experiencia.


[1] La visita de Isabel Stünkel a Puerto Rico fue posible gracias a las gestiones y la generosidad de la Dra. Rosa Fernanda Martínez Cruzado, Catedrática del Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico-Recinto de Mayagüez.

[2] Si desean leer más información sobre el trabajo de Isabel Stünkel al respecto, pueden pulsar:

http://www.metmuseum.org/blogs/now-at-the-met/2016/nesmin

http://www.metmuseum.org/blogs/now-at-the-met/2015/nesmin

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