Pinceladas de historia: la colección de pintura del Museo del Prado

Hoy en día las reproducciones fotográficas y las imágenes de alta resolución que encontramos en internet nos presentan la posibilidad de realizar visitas virtuales a distintos museos y colecciones alrededor del mundo.  Si bien esto nos permite explorar con antelación una pieza o el espacio a visitar, dicha reproducción se encuentra condicionada al lente de la cámara y al ojo del fotógrafo que la tomó. Por lo tanto, la experiencia sensorial no es la misma. Una obra de arte a primera instancia se contempla con la vista. Sin embargo, el encuentro con el original despierta igualmente en nosotros una serie de sensaciones y sentimientos necesarios para el diálogo con la pieza. Estos son productos no sólo del contenido icónico de la obra, sino también de los materiales con que se elaboró, del estilo del artista, las dimensiones, etc., elementos que, en última instancia, son muy difíciles de recoger en una foto como un todo. En mi caso particular, asombro, nostalgia, curiosidad e incluso desengaño fueron las impresiones que despertaron en mí el encuentro con muchas de las obras maestras del Museo del Prado.

En un viaje a España, y sobre todo a la ciudad de Madrid, es un imperativo visitar el Museo del Prado, uno de los museos más importantes y más visitados del mundo. Este museo posee una rica colección de arte europeo que comprende escultura, pintura, grabados, dibujos, objetos decorativos y documentos. A nivel internacional es mayormente conocido por su amplia colección de pintura, cuya muestra abarca desde el siglo XIII hasta el XIX, y se centra principalmente en pintura española, italiana y flamenca; sin embargo, no faltan los ejemplos de pintura francesa y nórdica. 

Roger Van der Weyden, El Descendimiento de la cruz, 1435–1438.

 

El edificio principal del Museo del Prado, conocido como el edificio Villanueva en honor al arquitecto que lo construyó, Juan de Villanueva, se inició en 1785. La construcción del mismo venía amparada por los ideales de la Ilustración española como un lugar dedicado al estudio y el conocimiento y fue parte del proceso de urbanización de la zona llevado a cabo por Carlos III. Originalmente, éste se encontraba destinado para acoger el Real Gabinete de Historia Natural. Tras su culminación en el 1805, el rey Fernando VII destinó el edificio a museo de artes. 

La historia del edificio del Museo del Prado se encuentra sumamente ligada a la monarquía española, y lo mismo ocurre con la colección de arte de éste. La predilección por ciertas escuelas, y sobre todo por artistas particulares, en gran parte se debe a la historia de la propia colección. El núcleo principal de ésta lo constituye la Colección Real, las obras adquiridas desde el siglo XV por los monarcas españoles para ornamentar sus residencias alrededor de la Península Ibérica. Los vínculos políticos y comerciales propiciaron el intercambio artístico entre los distintos territorios de los que proceden muchas de estas obras y la adquisición por parte de los reyes de obras de sus artistas favoritos. Es así como encontramos salas enteras dedicadas a la obra de El Bosco, El Greco, Velázquez, Tiziano, Rubens o Goya, lo que ha llevado a afirmar que el Museo del Prado “es un museo de pintores, no de pinturas”.

Las exhibiciones permanentes del Museo del Prado se distribuyen entre las dos plantas del museo y las distintas salas se organizan partiendo de las obras españolas. En la planta baja encontramos como eje central la pintura española del siglo XII al XIX, y en torno a éstas obras contemporáneas flamencas e italianas. En esta zona del museo se reconstruyó el espacio de una capilla románica que hoy en día alberga los frescos del siglo XII de la ermita de la Vera Cruz de Maderuelo. En la pintura del siglo XV español es de particular interés aquellos artistas que trabajaron al servicio de la casa Trastámara, sobre todo bajo la reina Isabel la Católica, como son Juan de Flandes o Pedro Berruguete. 

Jheronimus Bosch, El Jardín de las delicias, 1503–1515.

Igualmente encontramos salas en las que se aprecian los artistas y las obras predilectas de Felipe II, siendo de particular interés la sala dedicada al trabajo de El Bosco, en donde actualmente se exhiben algunas de las piezas más importantes de este pintor como son El Jardín de las Delicias, La mesa de los pecados capitales y el Tríptico del carro de heno. En una sala contigua el visitante tiene un encuentro fortuito con El Descendimiento de la cruz de Roger Van der Weyden. Esta pintura durante el siglo XVI perteneció a Felipe II. Es una de las obras más importantes de este artista flamenco, cuya producción artística, y la de su taller, es sumamente relevante para la historia del arte occidental. Las imágenes de la Virgen de Belén o Virgen de la Leche del pintor puertorriqueño José Campeche son copias posteriores de una tabla del siglo XV proveniente del taller de este artista, hoy en día perdida. En la planta baja del Museo del Prado también se pueden contemplar ejemplos de la pintura italiana desde el 1300 hasta el 1600. Entre los artistas aquí expuestos destacan los trabajos de Fra Angelico, específicamente La Anunciación y de Rafael Sanzio varios ejemplos de pintura de tema religiosos y retratos como El Cardenal

El piso superior se divide de forma equitativa entre ejemplos de pintura española, italiana y flamenca de los siglos XV al XIX. Las salas de exhibición se organizan en torno distintos artistas. Aquí encontramos galerías dedicadas completamente a la obra de Tiziano, quien fue pintor de la Corte de Felipe II, El Greco, Murillo, Velázquez, Rubens y Rembrandt. Si bien en menor cantidad, igualmente en estas salas, el visitante puede admirar los trabajos de otros grandes maestros de la pintura occidental como Caravaggio, Veronés o Durero. El número de obras maestras de esta sala es incontable, cabe destacar entre las mismas: Las Meninas de Velázquez y Las tres gracias de Rubens. En el 2012 varias piezas de estas salas fueron expuestas en el Museo de Arte de Ponce en la exhibición Del Greco a Goya: obras maestras del Museo del Prado. Aquí se exhiben igualmente algunas de las pinturas de Luis Paret y Alcazar, pintor de la corte de Carlos III, quien durante un tiempo residió y trabajó en Puerto Rico, influenciando así la obra de José Campeche. 

Francisco de Goya, Saturno devorando a su hijo,1819-1823.

Por último, una visita a la colección de pintura del Museo del Prado no puede concluir sin contemplar la obra de Francisco de Goya. El museo madrileño posee la colección más grande de obras de este pintor, la cual cuenta con aproximadamente 150 pinturas, dibujos, grabados, cartones de tapices y documentos vinculados al artista. Las obras de Goya se distribuyen en las tres plantas en la zona de la Puerta de Murillo. En los tres pisos se pueden apreciar los distintos períodos artísticos de éste, desde su etapa temprana rococó hasta la última fase con las Pinturas Negras.

Si bien el Museo del Prado es un museo de arte, el mismo tiene igualmente un carácter nacional e histórico que introduce al visitante a los personajes y escenarios que formaron parte de los avatares de la historia de España. El mismo no es un conglomerado de obras de arte que apelan al coleccionismo enciclopédico. Sus distintas galerías son testimonio visual del gusto, los intercambios artísticos y las circunstancias políticas del territorio español desde el siglo XIII hasta el XIX. Recorrer las galerías del Prado es viajar en el tiempo y tener un encuentro cercano e íntimo con estos sucesos y con los hombres y mujeres que fueron parte del mismo. 

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