Crónica de un performance inadvertido

“Yo pienso que el arte es un poderoso acto de resistencia”

Elizabeth Robles

Acabas de presenciar una obra de arte”, le comenté a mi amigo Gabriel a eso de las 11:20 de la mañana mientras marchábamos por la Avenida Luis Muñoz Rivera hacia la Milla de Oro, en Hato Rey. Quizá había demasiado sucediendo ese 1ro de mayo, aunque supongo que muchos sencillamente desconocen a la artista Elizabeth Magaly Robles; no porque sea poco reconocida, es una artista con una larga trayectoria cuya exposición más reciente, Lito–grafía: sensorio, se presentó en el Museo de las Américas. Pero si recurrimos a la aparente espontaneidad de los performances de Robles, no es sorpresa el que cientos pasaran por su lado sin detenerse a apreciar la acción artística con la cual se integró a las protestas.

Cerca de las 10:50am había reconocido a la artista entre la muchedumbre, cuando aún cruzábamos el puente de la Avenida Juan Ponce de León que interseca con la Avenida Jesús T. Piñero. Allí, con la ayuda de algunos jóvenes, dejó un paño rojo que colgaba de la reja protectora que mira hacia la Avenida Piñero. Debo admitir que en ese primer vistazo me percaté de que llevaba algo inusual en las manos, pero no me detuve a analizar qué hacía; tardaría unos largos minutos en llegar a la conclusión de que se trataba de un performance, que luego supe se titula Fermentando Caldo.

Elizabeth Robles, Fermentando Caldo, 2017. Fotografía: Manuel Negrón.

Quien conoce los performances de Elizabeth Robles, sabe que sus materiales de trabajo son cotidianos. Tuve que recurrir a mis memorias de aquel conversatorio en el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, cuando conocí sus obras. Desde que la vi por primera vez en la marcha, comencé a recordar cómo explicaba que sus performances se desarrollan en espacios relativamente cercanos a su casa, lugares a los que podía llegar fácilmente caminando. Entonces, mientras rememoraba que algunas de sus obras consisten de rasgar vestidos con las manos en un espacio público, picar piedras a marronazos en medio del Paseo de Diego en Río Piedras y tomar una siesta en un área verde entre los carriles de una avenida, comprendí lo que hacía en la marcha. Y es que era tan simple y despojado de toda teatralidad, que tuve que acercarme a corroborar lo que sospechaba.

Muchos llevaban objetos en las manos: cámaras, carteras, mochilas, sombrillas y los más creativos carteles de protesta pintados a mano, pero Robles marchaba con una planta en su mano izquierda y una “mata” de trapos rasgados con piedras anudadas en los extremos, en la derecha. Más tarde me confiaría que la primera provenía de su huerto de hierbas curativas y la segunda, como extensión de la pieza Arsenal, que, en su más reciente exposición, se trató de una instalación a base de piedras recogidas de toda la isla. Objetos estos que llevaba alzados al cielo, en una postura que le confería a su caminata un aire chamánico, de curandera. Esto último potenciado por el hecho de encontrarse vestida completamente de negro.

Elizabeth Robles, Fermentando Caldo, 2017. Fotografía: Manuel Negrón.

Ya hacia el mediodía, pasando entre la escultura de Pablo Rubio y la estación del Tren Urbano de Hato Rey, nos reincorporamos a la Avenida Ponce de León y fue entonces cuando me acerqué a Robles. Sintiendo el sol como lluvia de diminutos alfileres me aventuré a comentarle “supongo que se trata de un performance, ¿no?”, lo cual supongo que no escuchó, entre tantas consignas de lucha. Ella me preguntó que si soy estudiante y le respondí que soy producto del Programa de Historia del Arte de la UPR. Su rostro se iluminó y me dijo que ella es artista. “Claro, usted es Elizabeth Robles, conozco su trabajo”, respondí para su asombro y pasó a contarme que la planta que sostenía es conocida como Llantén y que lo que sostenía en su otra mano, que me parecía más bien un látigo rudimentario, era “otra mata” de piedras con diferentes temperaturas que también se han utilizado para sanar… o para ajusticiar. El llantén, me explicó, tiene propiedades curativas con las que ella misma se ha tratado efectivamente. “¿Para curar el país?”, pregunté, a lo que respondió con un leve suspiro; aunque me quedó clara la referencia a la queja, al llanto. Luego de un amigable intercambio de palabras continuamos la marcha por caminos separados hacia nuestro destino, al que yo llegué aproximadamente a la 1:15 pm. Una hora más tarde ya estaba regresando a mi hogar, Robles tampoco se quedó mucho más. El resto no hace falta narrarlo; los medios de comunicación se encargaron de eso con gran insistencia.

No puedo pasar por desapercibido el carácter político/social del cuerpo de trabajo de Robles –al menos sus performances–. En una entrevista que Donald Escudero le realizara para esta revista (de donde he tomado el epígrafe) nos confiesa que comenzó “…a hacer performace por la apremiante necesidad de generar diálogos…” y luego declara: “…no me queda duda de que el performace hace que se manifieste el carácter ético de nuestra gente y sociedad”. ¿Qué dirá, entonces, el que esta sea la primera mención de este acto artístico/político en un foro público, luego de dos semanas de ocurrido? Esto a pesar de la amplia cobertura que se le dio a las protestas.

Como mencioné antes, había mucho sucediendo ese lunes, es compresible que pasara inadvertido un acto artístico con elementos tan comunes, tan lejanos a la pintura, el pincel y el lienzo con los que se asocia el arte, casi únicamente, aún en el siglo XXI. Pero me parece inaceptable que todos esos acontecimientos dejaran de ser noticia, e incluso se ilegitimaran, por los actos vandálicos de un grupo reducido de personas.

Elizabeth Robles, Fermentando Caldo, 2017. Fotografía: Manuel Negrón.

Más tarde ese día, mientras veía con horror la cobertura noticiosa y a un gobernador acusar a personas como Elizabeth Robles y como yo de un modo despectivo, criminalizador y –en mi opinión– con una desesperación que rayaba en el miedo, recordé algunas de las palabras que tan amablemente me dedicó la artista durante la marcha: “…esto es historia del arte, esto es Historia…” A lo que puedo añadir, con toda la fe que tengo en Puerto Rico y en su arte: Amén.

Llantén

Por Dinorah Cortés–Vélez

Hay un par de ojos hojas

verde rabiaesperanza.

De anteras lilas

ira dulzura canta

semillas flores

frutos planta

brote inflorescencia

ternura desnuda

agualuz

verdiamor

furia abrazo

rizoma al estallido

magnánimo llantén

planta a la marcha

vena camino

caricia ancha

que sana.

*Catedrática en Marquette University y experta en la obra poética de Sor Juana Inés de la Cruz, la Dra. Dinorah Cortés–Vélez, desde su estancia en los Estados Unidos, vio las fotografías del performance Fermentando Caldo a través de las redes sociales y decidió dedicarle este poema a Elizabeth Robles.

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