MUSEO: ESPACIO y MEMORIA

 

El Museo Nacional del Virreinato (MNV) tiene su sede en el Antiguo Colegio Jesuita de San Francisco Javier construido entre 1580 y 1765 en Tepotzotlán, México. Fue establecido en 1964 como parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) que a su vez forma parte de la Secretaría de Cultura y anteriormente de la de Educación.

En sus 50 años de vida, la conceptualización museográfica del MNV se ha renovado conforme al desarrollo de la investigación científica y la gestión multidisciplinaria. Su acervo está compuesto de bienes de la colección del Museo de Arte Religioso, provenientes de fondos eclesiásticos nacionalizados, así como de la donación de otras entidades culturales y de particulares, a partir de los cuales se exponen los contextos del mundo novohispano sin que su origen, principalmente religioso o clerical, dificulte el discurso. A lo anterior se suman los valores del propio inmueble como bien cultural de extraordinaria calidad arquitectónica.

La visita al MNV ofrece la oportunidad al visitante de la experiencia del museo desde diferentes perspectivas. Tepotzotlán se ubica en los linderos del Área Metropolitana de la Ciudad de México, conservando elementos de su condición rural y contando con ejemplos de arquitectura vernácula, colonial y del siglo XIX, destacando la Plaza de la Cruz, antiguo atrio, que antecede al conjunto del Antiguo Colegio Jesuita, sede del MNV, y la iglesia anexa de San Pedro (siglo XVII), la parroquia del pueblo.

Antiguo Colegio de San Francisco Javier de Tepotzotlan. Foto de Lluvia de Flores Amarillas

Entre finales del siglo XVIII y mediados del XIX el inmueble albergó un seminario diocesano, pasando nuevamente a los jesuitas hasta 1914 en que el Colegio es definitivamente secularizado y abandonado, por lo que su conservación se debe al aprecio y vigilancia de los propios habitantes del pueblo, acción que permitió la integridad de mucho de su patrimonio. Fue declarado Monumento Nacional en 1933 y Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2010, como parte del Camino Real de Tierra Adentro.

Del complejo resalta el templo de San Francisco Javier. En su fábrica participaron Diego de la Sierra y José Durán y la fachada se atribuye a Ildefonso de Inhiesta. Su fachada y torre campanario son considerados como el culmen del “barroco estípite” en el país, concluyendo las obras en 1765, en la antesala de la expulsión de los jesuitas (1767). Asimismo, contiene íntegra una decena de retablos, obra conjunta del escultor Higinio de Chávez con lienzos de Miguel Cabrera (1695-1768). En el elenco de pintores destacados del periodo virreinal representados en la colección, se encuentra el flamenco Marten de Vos (1532-1603) y los novohispanos Juan Correa (1646-1716), Cristóbal de Villalpando (1649-1714), José de Ibarra (1685-1765), los hermanos Juan (1675-1728) y Nicolás Rodríguez Juárez (1666-1734). Igualmente, destacan la Capilla Doméstica y el conjunto de las Capillas y Camarín de la Casa (de Nuestra Señora) de Loreto y la del Relicario del Señor San José, del siglo XVII, que como prueba de la importancia de la devoción que reunía pueden observarse sus interiores con obras de retablística que conjugan escultura y pintura del siglo XVIII, así como terminaciones y decorados de la fábrica en yeserías, cerámicas y ebanistería.

Capilla doméstica del Antiguo Colegio de San Francisco Javier de Tepotzotlan. Foto de Alejandro Linares García.

Los espacios dedicados al culto son en sí mismos testimonios de la actividad artística y social de la época, por lo que el desarrollo del discurso museográfico se relata en el resto del inmueble, organizándose en cinco exposiciones permanentes y proveyendo áreas para temporales. La escala de la arquitectura permite un tránsito por la sucesión de claustros, patios, dependencias y la huerta, con lo cual el recorrido incluye descansos visuales y ambientales, alternando el disfrute de los espacios exteriores.

El guión de la exposición permanente Oriente en Nueva España —la más recientemente renovada— presenta la dinámica del comercio global a través de objetos importados o influenciados por la Ruta del Galeón de Manila entre Asia, América y Europa, como imaginería en marfil, porcelanas, y aplicaciones de enconchado y taracea. Destaca el respeto de la museografía por el inmueble, más allá de su función como contenedor, integrándola al discurso como ejemplo de la gestión institucional, según se ha verificado en las intervenciones en el templo y el conjunto de capillas de Loreto, donde se atendió la restauración de pintura mural, liberación de elementos ajenos, reintegración de morteros y superficies cromáticas, etc.

Estas acciones son consecuencia de una labor permanente y sistemática aplicadas desde la fundación del Museo, lo cual no se podría explicar sin la solidez del sistema INAH y sus recursos técnicos, científicos y académicos expertos de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía (ENCRyM), en donde se forman los cuadros de profesionales que desde la docencia o como empleados atienden las colecciones mueble e inmueble. Sin estos elementos seguramente habría resultado más complejo el desarrollo institucional del Museo Nacional del Virreinato, así como su proyecto museográfico y la conservación de su extraordinario inmueble. 

Anónimo. San José (siglo XVIII). Marfil de origen oriental.

Anónimo. La Virgen (siglo XVIII). Marfil de origen oriental.

El proyecto de museo se sitúa como un espacio de y para la educación y la cultura donde el objeto y el visitante dialogan, siendo la memoria de este último su validación. La experiencia sensorial en el museo, puede concebirse como un espacio-oportunidad para su valoración y la apropiación del patrimonio cultural que en él se exponen y por ende una vinculación con la memoria —individual y colectiva—, por lo que es necesario observar el contexto del espacio físico, particularmente lo arquitectónico, como herramienta del propósito de la institución museística.

 

 

 

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