Basura de Nick Quijano: arte, desecho y conciencia

Las cantidades increíbles de desecho producidas después de la Industrialización se han convertido en una de las grandes problemáticas de los siglos XX y XXI. Es por esta razón que, a partir de la Modernidad, la basura se ha convertido en uno de los medios favoritos de muchos artistas, tales como Joan Miró, Max Ernst, Kurt Schwitters, Roberto Alberty “El Boquio”, Rafael Ferrer, Vik Muniz y ahora, Nick Quijano, con su exhibición más reciente.

El Museo de las Américas abrió sus puertas el 6 de diciembre de 2012 a una de las exhibiciones más exitosas de su historia: Basura. Con una asistencia de más de diez mil visitantes hasta la fecha, algo inusitado en las instituciones culturales del país, esta exposición podría ser considerada uno de los “hits” museológicos del año.

La muestra, que contiene más de cien obras, presenta ensamblaje, pintura y fotografía efectuadas a lo largo de tres décadas de la carrera del artista y creadas en su mayoría con desperdicios encontrados en la Playa Cascajo de La Perla. La diversidad reina en Basura: objetos desgastados por el mar como cables, suelas de zapato, enchufes, pelotas, tapas de botellas, porcelana rota y chupetes, forman máscaras, cuerpos, nubes, nidos, abstracciones, mapas y ciudades.

A través de su exhibición, Quijano pone en relieve la contaminación ambiental causada por las sociedades capitalistas, cuya cultura está cimentada en la utilización del producto hasta convertirlo en desecho. Un proceso similar de consumo se encuentra en la naturaleza: ejemplos evidentes son la digestión / excreción  y el binomio vida / muerte; además de que la basura es un elemento inseparable de la humanidad, aun desde sus inicios. En la cultura de consumo, la basura es producida en exceso y no se reutiliza para crear más vida, sino que se convierte en escoria inescapable, que corrompe los ciclos milenarios de la tierra. Como una contrapropuesta, el artista utiliza el símbolo máximo de la devastación causada por los humanos, con lo que para muchos es una de las más nobles actividades: el arte.

Nick Quijano propone utilizar el desperdicio a modo de materia prima para enfatizar el poderoso rol del artista como creador. En este caso, el origen de estos objetos no solo responde a nuestro contexto geográfico isleño, sino también a los orígenes ancestrales de la vida misma.

Basura, 2012Y, en efecto, muchas de las piezas de Basura demuestran un sentido de forma y color admirable, producto de la formación de Quijano como arquitecto y pintor. Así sucede en Doramar (medio mixto, 2012), en la cual jacks multicolores, la curvatura de una mesa amarilla, tapas rojas de botella, un cepillo amarillo y pedazos de plástico misceláneos, en distintos tonos de verde, son ensamblados con gran cuidado y limpieza, para formar un rostro en llanto. Dicho trabajo es reminiscente, en cuanto al tema, de la estética y el color de Mujer llorando (1937), de Picasso. Una de sus artefactografías archimboldescas, creada con tapas de refresco azules, amarillas y rojas, hace una interesante referencia cromática a De Stijl, el grupo holandés de principios de siglo XX cuyo integrante más famoso fue Piet Mondrian.

El cornetista (medio mixto, 1991) es una obra hecha de suelas de zapatos y piezas de plástico con elementos formales parecidos a las máscaras africanas, la cual evidencia una aguda sensibilidad para el diseño: el aspecto elegante del conjunto de objetos proviene del juego entre el color negro de las piezas y los residuos de coral, logrando que el ojo se mueva en zigzag a través de los elementos dominantes y subordinados de la composición.  Muchas piezas están creadas con humor. Por ejemplo, Venus tiene senos que son chupones de botellas. La máscara Arquitecto (medio mixto, 1991) en vez de boca, tiene una curva francesa como sonrisa, mientras las nubes de galones que cuelgan sobre un área de la exhibición critican con ironía burlona los contenedores de plástico que han sustituido el vapor flotante como fuentes de agua en la sociedad contemporánea.

Por su parte, Ama de Llaves (medio mixto, 1990) es, sin duda, una de las anclas de la exhibición: llaves antiguas adheridas a un fondo negro forman los ojos, las cejas, la nariz, boca y barbilla de un imponente rostro femenino. Cientos de llaves modernas rodean la silueta, formando un nimbo que infunde a la imagen una potestad sobrenatural.  En el pecho de la figura, unas manos abiertas alcanzan un manojo de llaves antiguas. Las facciones de la cara, realizadas en negro sobre negro, y el impresionante halo de llaves podrían sugerir a las deidades santeras y yorubas como Yemayá y Oshún.

Las maquetas como Ruinas (medio mixto, 2006) y La Corco (colonia, rapto, corrupción) (medio mixto, 2012) presentan ciudades que contienen la circularidad borgiana del tiempo, como la Ciudad de los Inmortales de su cuento El inmortal, evocando simultáneamente el ideal inmaculado de las ciudades futuristas y los vestigios urbanos de civilizaciones desvanecidas. Estas ciudades también nos remiten a las acumulaciones de basura que pertenecen al imaginario distópico de filmes tales como Idiocracy y Wall-E que, al igual que la obras de Quijano, critican la tiranía sin límite de las compañías transnacionales, autoras de la necesidad ficticia de consumir nimiedades y las creadoras de mercancías que terminan en los vertederos y océanos.

Vale la pena recalcar que, empero la agudeza plástica presente en Basura y aunque el artista mismo admite influencias de Picasso, el lenguaje propio del artista no se hace sentir, como es evidente en Toro (medio mixto, 1985). Muchas de las obras en la sección Signos, como Cadáver Exquisito I y II (medio mixto, 2006) y Tótem (medio mixto, 2008) son trabajos realizados en cajas con objetos encontrados, como una apropiación de los dadaístas y del artista Joseph Cornell. Incluso, ensamablajes como Doramar y El pintor (medio mixto, 2006) rayan en el cubismo sentimental de Botello.

Es importante también comentar sobre algunos aspectos museológicos de la exhibición. Esta muestra tiene un exceso de piezas que causa una saturación visual que en ocasiones es agobiante para el espectador: una selección curatorial depurada y  reflexionada habría sido vital para una buena apreciación de las obras. A su vez, el montaje apiñado, los calces decorados (y la falta de estos en algunos casos), las fotografías que no son obras y los pedestales iluminados podrían haber sido fruto de un diseño museográfico más pensado.

Lo cierto es que la muestra de Quijano ha resonado con fuerza en el público general puertorriqueño, de lo cual queda como evidencia una asistencia sin precedentes. Ya sea porque estéticamente resulta muy atractiva para cualquier tipo de público o porque las preocupaciones ambientales son un tema de peso en la discusión pública, Basura cumple una función educativa extraordinaria, abriendo las posibilidades del uso de los desechos antes inútiles. En un país donde la asistencia a los museos es limitada –gracias a la pobre educación provista por las instituciones–, donde el currículo escolar en arte y su historia es casi inexistente, y donde las playas amanecen inundadas de basura después de la Noche de San Juan, resulta crucial la existencia de una exhibición como esta.

La exhibición Basura, de Nick Quijano, estará abierta hasta el 19 de mayo de 2013 en el Museo de las Américas, San Juan. Para más información, visite Museo de las Américas.

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