Madrugada

El tapiz Madrugada es parte de la Colección de Arte de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico – Recinto de Río Piedras. La caligrafía y el diseño del tapiz son obra de Guillermo Rodríguez Benítez, sobre un poema de Luis Lloréns Torres. Durante la Semana de la Biblioteca de la Escuela, celebrada del 11 al 15 de abril, se lleva a cabo la actividad Arte, Derecho y Poesía, de la cual forma parte el presente escrito [1]. Comenzamos con una cita del diseñador del tapiz, Guillermo Rodríguez Benítez:

El mundo comenzó con la palabra, primero hablada, luego escrita y entonces embellecida, de modo que la caligrafía es un camino hacia la historia humana que apela a sus sentidos y a su alma. [2]

Partiendo de este convencimiento de Rodríguez Benítez, se me hace difícil creer que el proyecto de creación del tapiz no fuera algo fríamente calculado.  Ambos artistas —poeta y el diseñador— parten de la palabra: la poesía que se escribe y se declama y que en la caligrafía se embellece. Me llama la atención otra coincidencia, el amor a Puerto Rico volcado en gestión: Luis Lloréns Torres, en el servicio público en la Cámara de Delegados, la literatura y el periodismo, y Rodríguez Benítez en la creación y gerencia de importantes empresas, la administración gubernamental y el arte. [3]

En un escrito sobre la vida en el arte de Rodríguez Benítez, éste habla de su temprana inclinación. “Siempre me lamenté de no haberme dedicado a la pintura, de hacerlo, no me hubiera conformado con un esfuerzo a medias, me hubiera entregado al arte con gran pasión.” [4]Este compromiso con la búsqueda de la excelencia se evidencia en esta pieza y en toda su trayectoria. Recurriré a una cita en inglés, porque no creo que yo pueda resumir mejor su carrera. El texto se encuentra en un artículo a su memoria en la revista Friends of Calligraphy de 1990:

There was no one like him in the world. Guillermo Rodríguez Benítez of San Juan, was a successful businessman, a fine photographer, a lettering artist and designer, a super gilder, an accomplished carver and etcher in glass, an aesthete, a teacher and always a student of the arts… His was such an easy grace that one assumed he had been born into an aristocratic and wealthy family. This was not so. He was forced to abandon his formal education after graduating from high school during the depression because his father was ill and his family needed his help. [5]

Su viuda, Maruxa Rosselli, compartió conmigo información sobre el proceso de creación del tapiz. Recuerda que el arquitecto Osvaldo Toro, de la firma Toro y Ferrer, diseñadores de la Sala de Convenciones ubicada en lo que hoy es la Ventana al Mar del Condado, le solicitó en el año 1973 una pieza para el mezzanine del edificio. Rodríguez Benítez, en aquel momento Presidente de la Junta del Banco de Fomento, era muy apreciado y conocido por su afiliación a las artes, en especial a la caligrafía. Lo había estimulado en los años 50 su contacto con Elmer Adler y “Pete” Hawes en la Casa del Libro en San Juan.[6] Narró Rosselli que una vez decidió utilizar el poema Madrugada, dedicó casi un año a captar los colores del amanecer visitando y fotografiando distintos lugares.

Resulta interesante que nuestro artista escogiera el textil como soporte para la pieza comisionada. Era conocida su dedicación a la experimentación con variedad de soportes, materiales e instrumentos, porque el énfasis en la factura depurada era una de sus características. Hizo obras sobre papel, pergamino, pizarra, madera, cristal, y por qué no, textil. Para la caligrafía, se decidió por una interpretación del alfabeto diseñado por el calígrafo alemán Rudolf Koch (1876-1934), con el cual Rodríguez Benítez también tuvo coincidencias. Koch entendía que el alfabeto era el mayor logro de la humanidad.[7] Influenciado por el Arts and Craft Movement de finales del siglo XIX, que valoraba el trabajo artesanal, Koch trabajó sus fuentes a mano y en grabado en madera.[8] Rodríguez Benítez desarrolló el boceto del tapiz utilizando papel de seda en colores, que va superponiendo para crear variedad de tonos y transparencias. En el diseño intercaló la caligrafía de manera que para el observador, palabra, color y espacio sean una sola experiencia. Un amigo inglés del mundo de la caligrafía le recomendó una fábrica china para la ejecución. Para la demostración en Puerto Rico al representante de Tai Ping Hand Made Carpets Manufacturer de Hong Kong de la integración del diseño a la dimensión y localización de la pieza, Rodríguez Benítez creó el siguiente artificio: transfirió el boceto en secciones a diapositivas. Con la colaboración de Francisco Rahola, dueño de una tienda especializada en fotografía, consiguió suficiente equipo para proyectar en la pared la totalidad de la pieza. ¡Tamaña empresa! El tapiz, tejido a mano por la manufacturera china, terminó con una dimensión de 17’ x 67’10”, en la técnica de “punch pile”, con pelaje de lana de aproximadamente ¾”,  montado en esterilla de algodón con bordes terminados en tejido de algodón.[9]   Ejecutado y entregado entre julio y octubre de 1975, fue develado el 30 de abril del año siguiente en la conmemoración del nacimiento del poeta Lloréns Torres.[10] Permaneció en el Centro de Convenciones del Condado los años que estuvo operando y durante el periodo que se mantuvo cerrado cuando el gobierno decidió demoler la estructura.  La señora Rosselli, preocupada por su preservación, abogó en distintos foros.[11] El licenciado Antonio García Padilla, entonces Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, llevó a cabo gestiones paralelas.[12] En 1992, el tapiz Madrugada pasó a ser propiedad del Recinto de Río Piedras [13] para ser instalado en el atrio de la Biblioteca del recién remodelado edificio de la Escuela de Derecho.

Para lo que sigue recurrí a unas notas de mis recuerdos. Con el hecho ya consumado, puedo ahora confesar que mi compromiso en 1997 con el Decano García Padilla para coordinar la conservación y el traspaso de la pieza hasta la presente localización estuvo cocinado con el condimento de la ignorancia. Estrategia correcta: cualquier certeza que tuvimos como asidero ante la mutante realidad se desvaneció como la Medusa. Trabajaríamos en un edificio deshabitado junto a personal de vigilancia con esporádica supervisión de personal de la Compañía de Fomento, dueño del inmueble. Por casualidad nos enteramos de que también estarían en los predios donde trabajábamos las personas encargadas del proceso de subasta del mobiliario y equipo del complejo hotelero. Nos informaron: “La subasta no va a intervenir con los trabajos de conservación que se llevan a cabo en el atrio del segundo piso del edificio.” ¿Y por qué un día me encontré a la conservadora Laura Fernández, en un acalorado intercambio con un gringo explicándole que “aquello” no era una alfombra, sino un tapiz, y que no estaba incluido en el expolio?  A preguntas nuestras nos informaron que “el elevador de carga está roto y DEFINITIVAMENTE, no se puede arreglar”. Resultado: composición de alternativas A, B y C, con sus pros y contras para sacar el tapiz del segundo piso. Escuchamos respetuosamente las recomendaciones de expertos de variadas estirpes. René Delgado, director del proyecto de traslado y montaje, descartó aquellas que comenzaban con “mira, eso es fácil, lo que tú tienes que hacer es…”.  De pronto, alguien, sorprendido de tanta complicación dijo: ¡pero…bájenlo por el ascensor de carga! ¡Milagro de la Santa Subasta!

¿Cuántas cosas le pueden pasar en veinte años a una pieza de textil, colgada con soportes de tornillos, casi hasta ras del suelo y en un lugar público? ¿Cómo lograr que el mismo proceso de desmonte no la afecte? Sí, se bajó la pieza sin añadir daño; sí, respondió al tratamiento in situ. Los conservadores aseguraron que la pieza estaba feliz de sentirse limpia cuando recibió como caricias las restregadas para sacarle manchas y mugre de varios talantes y origen, y remendarle una rasgadura. René Delgado, en colaboración con la conservadora, diseñó un soporte con tornillos entre las fibras y de presión uniforme a lo ancho, para distribuir el peso.

Aunque el tapiz mide 17 pies de alto, era necesario hacer un rollo por el ancho de aproximadamente 68 pies, con parte de sus sistema de enganche ya instalado para montarlo en la próxima localización. Se acomodó sin inconvenientes en un camión de plataforma para transportarlo a la Universidad. Los acarreadores se contagiaron con nuestro excesivo celo y sumaron sus cuidados y atenciones. El tapiz, por insistencia de los conservadores, estaba preparado para un chaparrón, pero solo los dioses nos podían proteger del inclemente sol y un apático tapón. Una nube cubrió el cielo de Santurce a Río Piedras. Una tenue llovizna nos refrescó al llegar, por lo que no escapamos de la mirada de “te lo dije” de los conservadores.

El atrio de la Biblioteca de la Escuela de Derecho fue diseñado en referencia a la ubicación del tapiz por el arquitecto Segundo Cardona, de la firma Toro, Cardona y Ferrer. Era parte de la de ampliación del edificio de la Escuela originalmente diseñado por el arquitecto Henry Klumb.[14] Tuvimos que ubicar y montar el tapiz durante la instalación del mobiliario de la Biblioteca, inaugurada finalmente en 2001. En todo cuento hay héroes anónimos, pero ningunos con más capacidad de aguante que los ingenieros y los trabajadores que debieron  sortear las jeringas de una señora que siempre que podía recalcaba:  “cuánta dificultad creaba el que instalaran el mostrador circular en el atrio antes que el tapiz” , “que limpien el área, pero que no barran”, “que busquen no sé cuántos paneles para cubrir el piso AHORA”, que “bajo apercibimiento de siete años de mala suerte, no se puede comer, ni beber, ni fumar en las inmediaciones del tapiz”, que definitivamente “el tapiz tiene que descansar y hay que peinarlo antes de montarlo.” Nada podrá compensar al Decano Auxiliar de Administración de la Escuela de Derecho el error de compartir su número de teléfono con una obsesiva compulsiva con galones de coordinadora y arropada con “esto es importante para Puerto Rico”.

Durante el proceso de montaje, los mirones en las gradas del segundo y tercer piso vimos aparecer una cuadrilla de duendes que con destreza manejaron máquinas y sogas. Hubo momentos de gran drama: ya cerca de la media noche, la presión de un irreverente tenis aseguró un extremo del enganche del tapiz. La conservadora ya se había ido.

Nuestro agradecimiento al muy profesional equipo de conservadores, Soraya Serra, especialista en textil y a Sol Elena Rivera, conservadora de arte, liderado por Laura Fernández, conservadora en textil, capaces de ajustarse y capear condiciones amenazantes a nuestro propósito. Igual para el director del proyecto René Delgado, diseñador industrial, por su dedicación y habilidad, y a su grupo de trabajo —convocados por la amistad y el tapiz— que incluyó aportaciones voluntarias de estudiantes que hoy son arquitectos, ingenieros y profesionales. Agradecemos sobre todo a los artistas que nos enorgullecen: Guillermo Rodríguez Benítez, Luis Lloréns Torres y las tejedoras y tejedores de Tai Ping Rugs and Carpet Manufacture. Todos los que participamos en el proyecto de traslado y conservación de esta pieza de arte descubrimos y disfrutamos las conquistas del proceso. Achacamos lo uno y lo otro a la visión y tenacidad de Antonio García Padilla, que llevó a feliz término la conservación y reinstalación del protagonista de este cuento: el tapiz Madrugada.

La poeta Vanessa Droz, en un escrito sobre Rodríguez Benítez y su mundo de la caligrafía, cita al artista Antonio Martorell, quien también construye con imagen y caligrafía: “Es la necesidad de la redundancia,… la que hace (o necesita) que la imagen sea comentada por la palabra y que la palabra sea comentada por la imagen, hasta llegar el caso, idealmente en la caligrafía, en que la palabra y la imagen son una sola cosa.” [15]

Notas:

[1] Debo agradecer a la señora Maruxa Rosselli, viuda de Benítez, su generosa colaboración al compartir información y documentos para el presente escrito.

[2] “The world began with the word, first spoken then written, and then embellished, so that calligraphy also becomes a way to man’s history, as well  an appeal to his senses and his soul.” Patricia Buttice, “Guillermo Rodríguez Benítez, A Remembrance”, Friends of Calligraphy, Spring 1990, Vol. 15, No. 3, p. 7.  

[3] Vanessa Droz, “La escritura bella”, Comercio y Producción, Noviembre/Diciembre, 1990, p.16.

[4] Vanessa Droz, op. cit., p. 17.

[5] Patricia Buttice, op. cit., p. 4.

[6] Vanessa Droz, op. cit.,  p.15.

[7] Purvis, Alston W., Type: A Visual History of Typefaces and Graphic Styles. Cologne, Germany: TASCHEN, p. 19. WEB: https://en.wikipedia.org/wiki/Rudolf_Koch. 9 de marzo de 2016.

[8] Loc. cit.

[9] “Other details concerning letters colors of background, placement and blending must be referred to the memorandum of June 29, 1975 from the artist Mr. Guillermo Rodríguez to Mr. Niven Ho, production Mgr. H.K.C.M. and to original cartoon prepared by the artist.” Acknowledgement of Order, 1st of July, 1975, Puerto Rico Industrial Development Bank.

[10] Juan Luis Márques, “Guillermo Rodríguez Benítez, Presidente del Banco de Fomento Crea Mural Honra Poeta Lloréns”, El Mundo, 25 de mayo de 1976.

[11] Conversación con la señora Maruxa Rosselli, 7 de abril de 2016.  Carta de Maruxa Rosselli a Alfredo Salazar, Administración de Fomento Económico, 26 de febrero de 1990.

[12] Presentación del Lcdo. Antonio García Padilla en la actividad Arte, derecho y poesía, Semana de la Biblioteca, Biblioteca de la Escuela de Derecho, Universidad de Puerto Rico, 2016.  Antonio García Padilla, “Texto y contexto”, presentación en el Seminario de la Facultad de la Escuela de Derecho de la UPR, 20 de abril de 2016.

[13] Escritura de donación de 28 de abril de 1992 entre la Compañía de Fomento y el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.

[14] Segundo Cardona, “Mensaje con motivo de la inauguración de la ampliación y reconstrucción de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico”, Revista Jurídica Universidad de Puerto Rico, 2001, 70 Rev. Jur. U.P.R.,  pp.1021-1024.

[15] Vanessa Droz, op. cit., p.19.

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