El pez en llamas

Sobre la hierba,
azules,
dos hombres luchan.

Labran con su guerra
las naciones,
las leyes,
las propiedades,
los espejos.

Cada uno
a cuchilladas
talla su rostro
en el rostro
del otro.

— Rafael Trelles

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La plástica de Rafael Trelles es tan alegórica y sensorial que trasciende el plano puramente pictórico —un escenario ya metafísico en su esencia—, por lo que no nos sorprende su reciente irrupción en el género lírico. No en vano, el artista fue miembro cofundador del grupo plástico y literario El Alfil, allá por 1984. Sin ir más lejos, El pez en llamas representa la confirmación de una constante en su trayectoria creativa, una suerte de naturaleza sinestésica que lo conduce —a él y a su producción artística— a un nuevo diálogo abierto, a un juego de espejos en el que no podemos discernir al original de su reverberación: poemario e imágenes forman parte de una misma dinámica, cohabitan en el imaginario estético y son cómplices de un diálogo que se reinventa ante cada nueva mirada. No hay un origen y no hay un término, puesto que no es intención del artista confinar las posibilidades de esta dinámica, sino dar cuenta del animismo, de las historias que comprenden y portan aquellos objetos que ya fueron desechados y que, inevitablemente, se integran con ligereza en esta segunda existencia. De este modo, la incursión de Rafael Trelles en la poesía se antoja vitalmente necesaria, respondiendo, una vez más, a su particular búsqueda estética, marcada por el instrumento fantástico propio del realismo mágico, como ya mencionara antaño sobre su pintura: “mis pinturas son historias abiertas, es una pintura narrativa, pero funciona más allá de la anécdota que está detrás del trabajo: me interesa contar historias.”

No es sino en El Pez en llamas donde nuestro autor da cuenta de un profundo anhelo de la niñez, de su desempeño como pintor, astronauta y mago (Valdez) al crear —y recrearse— entre mundos conexos y complementarios, bajo el amparo de artistas y movimientos como el Dadá, El Bosco, Kafka o Chema Madoz, y la acertada intencionalidad ecfrástica advertida por su amigo y poeta Jan Martínez. No se trataría, pues, de una transición de la pintura, fotografía y arte público a la poesía, sino de una propuesta de integración de nuevos lenguajes, entendiéndose la écfrasis en su obra como un ejercicio que va más allá de la mera “representación verbal de un objeto plástico” a la que quedó reducida esta figura retórica con el paso del tiempo (Pimentel) y acercándose así a la definición acuñada por Claus Clüver; “la representación verbal de un texto real o ficticio compuesto en un sistema sígnico no verbal”. En cualquier caso, la inequívocamente alegórica obra plástica de Rafael Trelles siempre convergió en una producción tendente al imaginario propio de la literatura. Consagrado como un clásico por su destreza para crear imágenes a través del uso de figuras literarias, no es de extrañar que, en esta ocasión, haya optado por la creación de sugerentes composiciones fotográficas compuestas, a su vez, por objetos desechados o desapercibidos —cuya nueva oportunidad en escena los despoja de su identidad primaria y otorga un nuevo significado—, como tampoco lo es que se trate de fotografías y no de pintura.

El pez en llamas indaga en las opciones plásticas y poéticas de lo matérico y lo intangible, y da doble cuenta de su viabilidad al crear arte —esfera frecuentemente asociada a lo elitista— con aquello que es propiedad universal y reclamo de nadie, y al evocar sensaciones que, en la mayoría de los casos, no consideraríamos al alcance de cualquier medio. Así, crea un universo de interconexiones guiado por el carácter relacional de la práctica ecfrástica y el sincretismo a través de una triple creación —la construcción de sus ensamblajes efímeros y la selección de meticulosas imágenes y místicos versos—, concediendo un espacio en el que confluyen lecturas intimistas, vitales, trascendentales, terrenales y divinas. No importa si fue antes el huevo o la gallina, como también carecen de importancia la procedencia y sentido iniciales de los objetos que ahora componen El pez en llamas: Rafael Trelles nos muestra, una vez más, que la belleza nace en la circunstancia más recóndita.

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Referencias:

Valdez, Lorenzo. (2009, 24 de febrero). Rafy Trelles [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=_khmF9wvg3I

Pimentel, L. A. (2003). Écfrasis y lecturas iconotextuales. Poligrafías. Revista de literatura comparada, 4, 281-295. Recuperado de: http://www.lpimentel.filos.unam.mx/sites/default/files/poligrafias/4/13-luz-aurora-pimentel.pdf

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