De piso a pared

La necesidad de la conservación del patrimonio cultural no es una preocupación reciente, pero sí conforma un asunto al que se le está prestando, paulatinamente, mucha atención. Para que dicha conservación sea la adecuada, existe un personal especializado que se encarga de hacer los estudios de la misma y así averiguar cuáles son las condiciones necesarias que debe tener lo estudiado para ser preservado. Uno de los procesos que resulta más útil, no solo en la conservación sino en el estudio de una obra en sí, es la fotografía, y no solamente la digital, la cual tiene una capacidad ilimitada de información, sino aquellas imágenes realizadas con rayos X o luz infrarroja. Las diferentes maneras en que la tecnología permite observar una obra nos conduce a apreciar detalles que a simple vista no se apreciarían. Entonces, no debe sorprendernos que, cuando se estudian las piezas de grandes artistas, se logren ver algunos intentos, borradores o manchas de pintura debajo de la magna obra final ante nuestros ojos.

Fernando Paes (Brasilia, 1967), en su exposición Vestigios BA-217, muestra las capas que forman los restos de materiales de pintura que se depositan en, lo que para él en sí es una obra de arte, el suelo del salón de pintura en el Edificio de Bellas Artes de la Universidad de Puerto Rico – Recinto de Río Piedras. El artista presenta características que no son visibles, a plena vista, del piso de lo que ha sido su aula de enseñanza durante los últimos diez años.

Para lograr su planteamiento en la muestra no utiliza lo más avanzado en tecnología, sino que regresa a técnicas que ha usado a lo largo de su carrera artística. Existe parte de la obra que la obtiene trabajando de manera arqueológica en el suelo. Paes escoge el área que va a trabajar y la divide en un recuadro. Utilizando ácido, pegamento y agua, despega parte de la pintura que se ha acumulado en el aula durante la impartición de clases. Al despegar la pintura, inmediatamente la misma pasa a la tela. Y es esa inmediatez donde se encuentra lo divertido de su producción, donde el artista se arriesga a jugar con el azar. Otra técnica que utiliza es aún más azarosa: la pega va directamente al suelo, coloca la tela en el espacio que elige y al día siguiente la arranca. Con ambas técnicas, el artista logra mostrar capas que para él y los estudiantes que merodean el salón no eran conocidas.

A diferencia de lo que sería una muestra fría de lo que yace sobre el suelo, el artista crea unas nuevas capas con la composición de sus obras, las cuales no necesariamente reflejan lo que se podía haber encontrado en el aula. Mientras saca pintura del suelo, va creando unas piezas en las que, algunas veces, el color dominante no es el que se esperaba encontrar y, muchas otras, había otro color mucho más intenso a pulgadas de distancia. Otros factores externos como lo es el aire que se atrapaba entre la tela y la pintura le otorgaban una textura inesperada a la tela. La pintura de Paes es activa y la acción se ve en sus obras. No es una pintura sobre un taburete; se trata del proceso de un artista que crea en el suelo con el material que encuentra.

Este último aspecto de su pintura tampoco es algo nuevo para él, ya que sus obras asombran en múltiples ocasiones por el material que emplea. Por ello, Paes afirma, sin dudar, que es una continuación de lo que ha sido su trabajo tanto artístico como docente. Lo que sí resulta innovador en su obra es que la paleta de colores ya está previamente determinada por lo que aparece sobre el salón, del que todos coinciden en señalar que es un taller sucio, para que para él es un espacio lleno de vestigios. Todas las capas que el removía eran huellas de los estudiantes que han pasado por su clase, que han tirado la pintura al suelo y que muchas veces imitaban la manera de crear de Jackson Pollock. En este sentido, la paleta la heredó de estos estudiantes. Es una especie de colaboración del artista con autores anónimos.

No hay duda de que la técnica de Paes se percibe en el espacio de la galería, pero es innegable también la presencia de los estudiantes asomándose a través de los colores de las piezas. Eran ellos los únicos que dejaban huellas en el salón hasta que él decide remover pintura del suelo. Ahora la historia del salón ha cambiado; aquel que representaba a los estudiantes ahora ilustra además la intervención del profesor. La interacción entre aula, estudiantes y profesor es clave y se presenta en muchos aspectos de la exposición. Paes es consciente de estar cambiando la historia del salón por completo, algo que no le estremece demasiado, ya que menciona que sabe que las capas seguirán acumulándose en el transcurso de los años y que, en menos de cinco años, el material que quitó ya habrá sido reemplazado, lo que da a paso a una nueva oportunidad para seguir creando con este material.

Es entonces en la galería donde el espectador se une a esta interacción. Al llegar a ese espacio, se aprecia la confrontación entre lo que era el BA-217 y lo que el artista quiere narrar de dicho lugar. Es en esta otra fase donde el trabajo de Paes gana profundidad y adquiere valor. El espectador necesita averiguar qué es lo que ha ocurrido en el salón y qué es lo que el artista ha añadido a la historia. Resulta ideal traer a colación Aire de París (1919), de Marcel Duchamp, una ampolla de vidrio que él lleva a Nueva York y ofrece como regalo a un amigo. Paes trae a la galería el “suelo de BA-217”, y en sus piezas se percibe el aura (aire) del salón. Las obras podrían convertirse en reliquias del mismo. Entonces así, como la ampolla de vidrio de Duchamp, adquiere un valor más allá del establecido, con el suelo del aula en la galería haciendo lo propio.

Cabe mencionar una parte del trabajo que no es posible apreciar en el espacio de exhibición y es la marca que el artista deja en el salón. Restos de telas adheridos al suelo dan un nuevo talante a la galería. Entonces el piso, a su vez, se convierte en los vestigios de lo que es la exposición. El artista logra alterar la historia del salón y de la galería. Invita a cuestionar qué de la obra hay en el salón y qué del salón hay en la obra. Esta confrontación, donde trazar una división es imposible, lleva a pensar en los Merzbau de Kurt Schwitters. Este artista alemán cambiaba la historia de la arquitectura en la que habitaba, a través de un cúmulo de objetos que muchas veces eran cubiertos por otros y otros eran olvidados. Paes, aunque elimina capas para crear otras, en sus piezas reconoce el hecho de que dicha acumulación continuará.

Lo ideal para Paes sería traer el piso del salón, tal y como está, a la galería, ya que piensa que el mismo contiene un aura que los otros no tienen y lo considera como un archivo vivo. Pero al no poder llevar a cabo esta traslación, presenta obras que se pueden pensar como reliquias del BA-217, como ruinas del salón que no puede rescatar por completo, dada la continuidad del mismo. Esta continuidad de las obras en la galería son la evidencia de la vasta y desconocida cantidad de material depositado en el suelo, que sigue reaccionando en la pared de la galería. La fragilidad de sus telas no es instantánea, puesto que la durabilidad de sus obras no se puede definir; está viva a pesar de ir simultáneamente decayendo.

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Paes considera su trabajo como uno arqueológico y archivístico. Es precisamente esta faceta lo que para él es importante, ya que piensa que lo importante no se está guardando, se está olvidando. Trabajos como el que exhibe en la galería se encargan de rescatar esa memoria que quizás no sea significante para muchos sujetos, pero seguro que son un buen comienzo de conversación acerca de la importancia de la conservación de los lugares y de la historia, un comienzo para rescatar lo que supuestamente no hace falta, un estudio de lo que hay y lo que pasa desapercibido.

Vestigios BA-217, de Fernando Paes, ha sido parte de la programación de Área: Lugar de Proyectos hasta el 3 de octubre de 2015. Para más información, visiten el siguiente enlace.

  

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