Galería BA 209: un espacio de validación profesional

El Departamento de Bellas Artes del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico está de enhorabuena: apenas un año después de la apertura de la galería del Departamento, la Galería BA 209, tanto la acogida del público como la trayectoria del programa han resultado magníficas. Ahora que ha culminado este primer año de vida, conversamos con Fernando Paes y con Raymond Cruz, director y docente —respectivamente— en el mencionado departamento, y cofundadores del espacio que ha albergado múltiples propuestas individuales y colectivas solo en este último semestre que acaba de terminar. Con ellos repasamos las iniciativas acogidas en la Galería BA 209, entre las que destacan el Programa de Apoyo al Artista en Formación, el programa de exposiciones que ha tenido lugar en estos últimos meses y, en suma, la repercusión que debe tener un espacio de esta índole: un nexo entre el estudiantado y los circuitos del arte.

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El origen de la Galería BA 209

En mi primer encuentro con el Departamento de Bellas Artes, en la inauguración de la exhibición La lengua española en Puerto Rico, la existencia de la Galería 209 me sorprendió por partida doble: en primer lugar y, como la mayoría del estudiantado, tenía tan presente la Galería Francisco Oller que daba por supuesto que era compartida por Bellas Artes y por Historia del Arte pero, contradictoriamente, me resultaba inconcebible que el Departamento de Arte no contase con un espacio propio.

Raymond Cruz: El Departamento no contaba con una galería, y aparecieron ciertas inquietudes. Estamos en un Departamento de Bellas Artes que no cuenta con un espacio per se donde practicar y desarrollar dinámicas de exposición museográfica.

Fernando Paes: “Así fue como, tras realizar un estudio, nos percatamos de que el espacio menos utilizado de todos era el taller de serigrafía, donde ahora se encuentra la Galería. Y se construyó con muy poco presupuesto, reutilizando maderas y luces del laboratorio de fotografía: no había dinero para nada pero queríamos la Galería”.

Para que un artista combine formación y currículum son imperantes escenarios como este. Máxime en un mercado tan exigente como el del arte, en el que la carencia de espacios intermedios hace que los artistas en formación pasen de ser estudiantes a no tener cabida en el mercado. Si podemos encontrarnos con galerías privadas cuyos gastos mensuales oscilan entre los veinticinco mil y los treinta mil dólares o en las que los montajes de exposición llegan a alcanzar los siete mil, entendemos que estas busquen asegurarse unas garantías que solo pueden proyectarse por artistas ya establecidos. Esto repercute en fenómenos tan conocidos —en el escenario artístico— como el pluriempleo o, en otros términos, en el desempeño del artista en labores asociadas al panorama artístico, como sostiene el propio Raymond Cruz: “En el repositorio del Museo de Arte de Puerto Rico hay mil cien artistas, ¡mil cien! Cuando preguntas, todos los que trabajan en el Museo, desde el que pone un clavo al museógrafo, son artistas o participan en eventos relacionados, pero paralelamente están trabajando en otras cosas”.

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Dirección del espacio: alcance de la Galería

A primera vista, la necesidad más notoria en un departamento de Bellas Artes es la de un espacio que conecte al estudiante con la realidad que le espera al terminar su bachillerato, pero no es la única. La irrupción de este escenario en el entorno universitario conlleva nuevas relaciones en una demarcación en la que cohabitan estudiantes en activo, egresados —como Arnaldo Rivera con Imago, aquellos que se encuentran a punto de graduarse y optan a una exposición individual que les valide de cara a estudios graduados, grupos de trabajo del departamento de Bellas Artes e Historia del Arte e, inclusive, iniciativas surgidas en este caldo de cultivo, como la revista estudiantil de crítica de arte Punto de Fuga.

R.C.: “Los estudiantes de Historia del Arte, por ejemplo, crearon en un espacio web de la Institución una revista contraparte a la de Visión Doble, a nivel universitario, llamada Punto de Fuga. En el proceso ponen en funcionamiento el laboratorio de venir a las exposiciones de Bellas Artes. Yo lo que hago es que combino a mis estudiantes del curso de Museología y, aparte de la clase, reseñan nuestras exposiciones: eso los valida a ellos como escritores en el futuro, ya que también tienen publicaciones en la Universidad”.

F.P.: “La idea es que esta sea una galería más experimental, enfocada a los estudiantes pero con múltiples funciones, como la de apoyar los cursos. Por ejemplo, el profesor Quintín Rivera Toro organizó varias exposiciones colectivas de su curso de escultura y madera, exposiciones que a su vez se convierten en un generador de crítica colectiva. Es una galería muy activa: las exposiciones no pueden durar más de dos semanas y, a veces, duran tres o cuatro días. Este semestre tuvimos cerca de veinte actividades, de las que solo seis exposiciones fueron individuales”.

El compromiso del profesorado, de los estudiantes y de los grupos de trabajo generados en torno a la aparición de la Galería del Departamento ha logrado extrapolar los conceptos del salón de clases a una experiencia viva, enriquecida por la constante retroalimentación entre colaboradores. De este modo, queda patente que solo aquellos que estén dispuestos a comprometerse profundamente con el proyecto contarán con el amparo de un espacio que mima hasta el más mínimo detalle. Así, además de los grupos de crítica del arte, los Talleres de Investigación Creativa preparan al estudiante para la gestión de su propia obra, como la elaboración del portafolio y del cuerpo de trabajo, para la articulación teórica o la la redacción de propuestas que, asimismo, se combinan con los cursos impartidos en materia de Musicología y Museografía, fomentando nuevamente el intercambio entre estudiantes de Historia del Arte y Bellas Artes, y enriqueciéndose de las experiencias ofrecidas por la Galería.

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Un concepto innovador: Programa de Apoyo al Artista en Formación

En la línea de un proyecto que nació por y para las necesidades de los estudiantes de Bellas Artes, todos ellos artistas en formación, se unió a la Galería el Programa de Apoyo al Artista en Formación. El proyecto respalda una distinción sumamente pertinente en los círculos del arte: la escisión entre el artista en formación frente al popular término artista emergente, con frecuencia asociados de forma errónea. El artista emergente no es, como implícitamente se sugiere, un artista joven, sino el que recién accede a los circuitos del arte, sin distinción alguna de edad. En cambio, el artista en formación es aquel que está en vías de acceder a esta categoría y que, sin duda alguna, cuenta con muchos menos recursos propios e institucionales.

R.C.: El proyecto nace de la propia necesidad, de los mismos diálogos con Fernando y con los estudiantes. Creo que las cosas nacen cuando hay un reconocimiento institucional o un profesional que está viviendo unas necesidades. Reconocimos que los jóvenes carecían de esa experiencia inicial, ya que no es lo mismo graduarse y tratar de hacer la autogestión en la calle sin conocer todos los procesos museográficos necesarios: la idea es que nosotros aquí los formemos y que al salir tengan en su currículum una exposición validada por la institución. Aquí hay un detalle particular en las necesidades: hay una crisis social y económica en el país, y reconocemos que se necesita la autogestión, que la gestión cultural es necesaria y que los estudiantes deben entender que la competencia en el mercado exige el desarrollo de una serie de destrezas.

El camino no ha sido fácil para esta iniciativa, a pesar de que ha cosechado grandes resultados en su primer  aniversario: aún sin poder registrar a todos sus visitantes, el promedio en cada exposición se ha situado entre ciento cincuenta y doscientas personas. Es una cifra muy meritoria, teniendo en consideración la juventud del espacio, cuyo mayor logro ha sido la movilización del Departamento de Bellas Artes y el Programa de Historia del Arte: exposiciones individuales y colectivas, proyectos pedagógicos, iniciativas de crítica de arte y un contacto directo entre el artista en formación y los circuitos del arte.

F.P.: La idea es que la Galería ayude a ese artista que estará en el circuito: siempre que hacemos una exposición invitamos a diferentes galerías, entre ellas Walter Otero. Este es uno de los puntos más interesantes para un galerista: trabajar con un artista que está empezando y tiene potencial.

  

A lo largo del proceso creativo, el artista en formación cuenta con el pleno apoyo del profesorado: sin ir más lejos, Fernando auspició la exposición de Thomas Shalom y le asesoró durante todo el proceso, ayudándolo con el concepto, en el ensayo crítico o en la evaluación. Raymond se postula como un “empleado” del estudiante: “Yo monto todas las exposiciones. Él me dice dónde y cómo quiere las cosas y nosotros tratamos de aconsejar, respetando su criterio. Es un primer acercamiento bastante fácil para ellos, ¡hasta el cóctel pagamos!”. No es de extrañar, dadas las circunstancias, que la Galería se encuentre saturada de propuestas: el espacio permite al artista en formación medirse con sus pares, con los que ha de competir —como sucederá a lo largo de su trayectoria artística— a fin de contar con esta primera oportunidad. Así es como, en esta esfera tan competitiva, el estudiante entiende la importancia del tesón: el cuerpo de trabajo requerido —en torno a las veinte o veinticinco piezas— y el tiempo estimado para consumarlo de forma satisfactoria objetivan la perspectiva del alumno, que ha de enfrentar unas exigencias equiparables a las del mercado, con cuerpos de trabajo que precisarán de uno, dos y hasta tres años de preparación para ver la luz.

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Sobre las exposiciones

Comenta el profesor Fernando Paes que está muy impresionado con la calidad de las últimas exposiciones, todas de graduados del Departamento y con obras ya profesionales, que podrían estar exhibiéndose en cualquier galería.

 

Por fortuna, todos los extenuantes preparativos que preceden a la inauguración de una muestra no son en vano: la Galería BA209 da buena cuenta de ello en las múltiples muestras de talento exhibidas bajo el auspicio del Programa de Apoyo al Artista en Formación. A lo largo de este semestre, el espacio ha contado con iniciativas tan diversas como la primera exhibición individual de Arnaldo Rivera, Imago; con un proyecto pictórico en el que mitología y onirismo convergen en una particular reinterpretación del mito de Adán y Eva, la experimentación matérica —también dentro de esta línea pictórica— de Lisa Marrero, más conocida como Lala Juana, con Endiez Cuatro, Rehecho; también con una propuesta de Thomas Shalom que transgrede los límites entre el soporte y la obra o las instalaciones; con Albergue de memoria de Jomary Ramírez Segarra, y con Muy temprano, de Jayson Yordan que, respectivamente, abordan subversivas de género y aúnan el medio pictórico con el sonido. Como propuesta colectiva, destaca Antología de la memoria, de SUP —Synergy of Unusual People— ART Studio, compuesto por Natasha Bree Laracuente, Grace Santana, Stephanie Ramírez Calderón y el artista invitado Roberto Martínez. En este colectivo se continúa con la labor iniciada en marzo de 2014, en el que las artistas se asociaron para visibilizar el potencial de un medio que —como ya reseñara Luis Jefté Lacourt en su entrevista a Javier Rosa Martínez— cada día cuenta con más adeptos: la novela gráfica.

 

Con todo, la Galería BA 209 promete un nuevo curso aún más movido que su predecesor, con tres exposiciones ya confirmadas. Mientras el espacio se consolida, no debemos olvidar la imperiosa necesidad de iniciativas que auspicien, fomenten y regulen a nuestros artistas en formación —artistas del futuro, en definitiva— y que faciliten su inclusión en los círculos del arte, en un panorama que no siempre conduce al éxito, pero que está, cada vez más, poblado de proyectos prometedores.

La imagen de portada corresponde a una pieza de Jomary Ramírez Segarra, de su exhibición Albergue de memoria en la Galería BA 209. Foto: Abdiel Segarra.

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