Sobre la suprema felicidad y el estado fallido

Si cuatrocientos años antes del nacimiento de Cristo ya se buscaba entender la felicidad desde el ejercicio filosófico, ¿por qué aun hoy -dos mil cuatrocientos años después- no alcanzamos a definirla? Y a pesar de que los agentes identificadores que nos relacionan a este estado emocional han variado, la felicidad continúa pareciendo, para muchos, una utopía escurridiza.

Muy por encima de limitarse a buscar respuestas triviales, improbables o didácticas, un total de diez artistas comparten, desde el 30 de enero, diferentes acercamientos estratégicos en torno a esta problemática en la exhibición titulada Suprema felicidad. La muestra, curada por Brenda J. Caro y que se exhibe en la Casa del Lago Juan José Arreola, en Ciudad de México, lejos de ofrecer al espectador respuestas al enigma, ha logrado en la convergencia de sus piezas ofrecer con elocuencia un reto al bienestar y proponer reflexiones que según expone el comunicado de prensa: “parten de la incomodidad, de la insatisfacción, de la observación detenida y en apariencia imparcial, de la pregunta sutil o frontal, de la imposibilidad de las respuestas únicas”.

 

Entre los diez artistas se encuentra Jason Mena, artista puertorriqueño radicado en México y cuyo trabajo es aquí protagonista. En su propuesta titulada Failed States, la fotografía funge como el documento visual de una acción donde el cuerpo del artista hace referencia a la posición del avestruz en varias localidades citadinas. La camisa lleva cosida la bandera de aquellos estados nacionales que conformaron el grupo G-7: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido.

En esta acción, el artista encarna al Estado Nacional como un cuerpo que, al hundir su cabeza en un agujero, se imposibilita de percibir y comprender la realidad que ocurre a su alrededor. Completamente ensimismado y, en consecuencia, desinteresado, el aparato estatal que metafóricamente nos propone, ni mira ni escucha ni mucho menos entiende lo que sucede con aquellos ciudadanos a quienes define dentro del entorno geográfico, social o cultural y a quienes representa desde un sistema jurídico-político.

  

Con esta acción, Mena desenmascara los principales presupuestos representativos y participativos que alimentan la modernidad y que aún hoy fundamentan nuestra relación con el Estado-Nacional como agente promotor de seguridad, igualdad, legalidad, progreso económico y bienestar. Esta acción de hundir la cabeza en un agujero, como una decapitación opcional y sugerida, deja a la vista del espectador un cuerpo sin capacidad racional. Este cuerpo sin cabeza sugiere un aparato estatal incapaz de representar, entender o encarnar aquellas construcciones que heredamos directamente del racionalismo, entre ellas el mismísimo concepto del ciudadano, el concepto de bienestar y el de la felicidad como consecuencia de la acumulación de bienes materiales y de capital.

 

Según nos explica el artista, el grupo G-7 reúne siete países industrializados cuyos alcances globales lograron posicionarlos como líderes económicos a nivel internacional. Este grupo, que nació en 1973, fue el resultado de una convención celebrada en el Hotel Dorado Beach en Puerto Rico y convocada por el entonces Secretario del Tesoro norteamericano George Shultz. Irónicamente, treinta y cuatro años después, el Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan colocó a Puerto Rico en el segundo lugar de la lista de los países más felices del mundo. Entre los factores evaluados se encontraban la esperanza de vida, la libertad y la generosidad.

 

Según reflexionara Sócrates hace dos mil cuatrocientos años, la felicidad sólo se alcanza si está completa, si se han llenado todos los deseos y aspiraciones del ‘hombre’. Este estado, según el filósofo, es incapaz de alcanzarse en la vida presente. Slavoj Žižek, por su parte, opina que la felicidad es una categoría conformista. Sin embargo, mucho más efectiva que la afirmación resulta ser la duda que Jason Mena siembra en el espectador y que de manera muy acertada resume la curadora: “Si el progreso y la utopía se han propuesto en algún momento como respuesta, si se es capaz de minimizar la desigualdad y la precariedad bajo la afirmación de que pese a todo somos felices, ¿por qué ese “estar bien” nos sabe tan agridulce?”.

Suprema felicidad, curada por Brenda J. Caro, se exhibe en la sala 5 de la Casa del Lago, Centro Cultural de la Universidad nacional Autónoma de México, hasta el 27 de abril de 2014. Además de Jason Mena, participan en la exposición los siguientes artistas visuales: Katnira Bello, Eder Castillo, Emilio Chapela, Ómar Gámez, Terence Gower, Chantal Peñalosa, Sebastian Romo, Víctor Sánchez Villarreal y Pilar Villela.

Print Friendly, PDF & Email

Comments are closed.